No hay peor ciego.


No tengo twitter pero tengo adolescentes en casa. Ayer, para mi sorpresa, me encuentro a uno de ellos leyendo. Y no solo leía, no, sino que ¡además alardeaba de ello! Joder, si el último libro que le llamó un poco la atención fue el manual de la playstation. Pues creedme que ayer, mientras estábamos cenando, abrió su móvil y nos estuvo leyendo unos cuantos párrafos.

Yo de inmediato miré al suelo y no se había abierto ninguna grieta. En el cielo seguía todo en su sitio, y ni tan siquiera el perrete, que entre otras cualidades interesantes trabaja de sismógrafo por horas, manifestó indicio alguno de que se fuera a terminar el mundo. Inquietante.

Descartada cualquier otra explicación razonable, tuve que reconocer que el chaval estaba leyendo motu propio. Supongo que querréis saber qué demonios provocó ese comportamiento tan extraño, qué extraño poder o que raro accidente pudo lograr aquello en lo que uno ha fracasado durante tantos años.

Pues se trata de esto:

Os resumo el asunto, para quienes, como yo, no os llevéis bien con el pajarito azul: se trata de una historia inquietante escrita a base de tweets que el autor va publicando en tiempo real, o así lo parece al menos, sobre las extrañas peripecias que le ocurren en sus vacaciones.

El relato, pues por encima del medio utilizado o de la inclusión de imágenes y vídeos eso no deja de ser un relato, ha alcanzado tal repercusión que ha sido trending topic y por tanto lo han leído millones de personas.

Sí, ¡personas de esas que cuando leen un sello de correos ya les da dolor de cabeza!

Vamos a dejar aparte la calidad del relato en sí. La cuestión es que la gente, y me refiero a la gente “normal”, a la que no tiene un blog, todavía conserva la capacidad para dejarse atrapar por una (buena) historia escrita.

A partir de aquí podría formular un montón de buenas preguntas, cuestiones profundas sobre este nuestro pequeño mundo de escritores que nos leemos unos a otros, y con relación también a ese otro gran mundo, el real, el que parece no querer enterarse todavía que existimos. Pero me quedo solamente con un interrogante, la pregunta definitiva, la que creo que compendia todas las posibles derivadas del tema:

¿Pensáis que le tendría que dar un terroncito de azúcar a mi chaval para premiarle por el esfuerzo o eso ya sería mimarlo en exceso?

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5 Comments

  1. He ahí a un hombre cuya creatividad le imposibilita tomarse al menos un día de asueto a la semana. Un hombre que de cualquier asunto saca una amena historia, a pesar de ser reincidente en los señalados, una y mil veces, errores gramaticales… Un hombre con capacidad para engancharte a él por su forma de ser, escribir y transmitir.

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    1. En cuanto a la ortografía me declaro culpable. Por lo demás, que no merezco, muchas gracias, Fran.
      No hay días de asueto para los autónomos.
      Pero no me quejo, no vaya a ser que también nos cobren impuestos por quejarnos.

      Le gusta a 1 persona

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