El Carmen del destino (3)


Julia, siempre tan dispuesta, ayudó a Violeta a preparar los bocadillos mientras Manolo y Marcelo sacaban unas botellas de su equipaje. La cena estaba servida, solo faltaba que Jaime volviera de recorrer la casa y asegurarse de paso el mejor sitio para dormir. Reunidos en el salón, el alcohol empezó a circular sin freno y con su llegada temí que se multiplicaran las posibilidades de pisotear mi dignidad.

-He descubierto arriba un par de habitaciones cerradas con llave. ¡Vamos a ver que hay dentro! ¿Quién me acompaña?

El cansancio pudo más que la curiosidad, pero Jaime era de ideas fijas. A falta de compañía más interesante, me presentó voluntario a mí.

-¡Sois todos unos cobardes! Vamos, chaval, necesito que me ayudes con la linterna.

Una de las cerraduras cedió al primer empujón. La habitación estaba vacía, la ventana rota y el suelo lleno de excrementos de pájaros. La otra cerradura opuso más resistencia, pero finalmente Jaime pudo con ella. Se trataba de un cuarto sin ventana que por lo visto usaban de trastero. Tras un rápido vistazo, al no encontrar nada interesante Jaime decidió volver a la planta baja.

-Ahora bajo yo, quiero echar un vistazo por aqui. – le dije, entre otras cosas para librarme un rato de él.

Había todo tipo de cosas: juguetes antiguos, muebles viejos, ropa, libros, todo lo que habían quitado de en medio al alquilar la casa. Recuerdos de quienes antes habían vivido allí. Encontré algunas fotos antiguas, libros de texto con mas de cuarenta años y cuadros llenos de polvo. Me fijé más en los juguetes. Siempre me han llamado la atención, tal vez porque no tuve muchos de pequeño. Había un tren de hojalata, algunas muñecas y un viejo juego de construcción.

Al pronto me llamó la atención un juego de mesa en una caja de cartón sin rotular. Pensé que tal vez podría aparecer en la planta baja con él y divertirnos un poco. Abrí la caja. Solo contenía el tablero y un vaso para tirar los dados. No había nada más. Pero el tablero era bastante peculiar. Al enfocar con la linterna pude reconocer de qué se trataba: un circulo con el abecedario completo, los números del cero al nueve y dos casillas donde ponía “sí” y “no”. Era una ouija.

Maldigo la hora en que encontré aquel tablero diabólico. Pero, ¿como iba a suponer que ocultaba tanto poder, y tanta maldad? Yo solo pensé en hacerme el interesante, en darles un buen susto y que les sirviera de lección. Quería que me respetaran. Quería ser como ellos, ser uno más. No, eso no es cierto, yo sabía que era mejor que ellos, solo quería demostrarlo.

Y así bajé las escaleras con aquel juego debajo del brazo saboreando por adelantado mi triunfo. Me senté en una esquina y lo puse sobre la mesa.

-Vaya, ¡mirad lo que ha encontrado Fausto! – dijo Marcelo.

-Es una ouija. – contesté – Supongo que sabéis como funciona.

-Si, claro, eso sirve para asustar a los niños que no quieren comerse el postre.

-¿Te has tomado ya el yogur, faustito? – y empezaron a reirse una vez más.

Decidí no hacerles caso. Tan solo abrí el tablero y coloqué el vaso en el centro. Si obraba con inteligencia podría atraerles y hacerles participar. Pensé que las chicas estarían más dispuestas, les suelen interesar estas cosas. Pero tenía que dar con el anzuelo apropiado. Traté de recordar todos los detalles que había observado en busca de algo interesante y que a la vez fuera secreto, una pregunta cuya respuesta se supone que yo no debería conocer.

Coloqué el dedo sobre el vaso y comencé a moverlo de forma distraída. Se deslizaba sin ningún esfuerzo. Simulé que me concentraba, ajeno a su conversación, y también a sus burlas. Entonces recordé un detalle que había visto cuando había entrado al baño después de Julia. Hice un par de movimientos rápidos con el vaso para llamar la atención y después lo moví despacio y con decisión para formar la palabra “sangre”.

Todos se quedaron mirando. Entonces pregunte en voz alta: “¿donde?”. Dejé pasar unos segundos y escribí de nuevo: “Julia”. Ahora ya no me quitaban ojo. Miré a Julia y le pregunté:

-Perdona, pero, tú estás con la regla, ¿verdad?

-Pues… sí. ¿Como lo sabes?

-No, yo no lo sabía, ha sido esto. Ha escrito “Julia” y “Sangre”, y se me ha ocurrido que era la explicación más lógica.

Me miraron de nuevo y entonces supe que había llegado mi oportunidad. La casualidad o el destino habían puesto en mi mano el instrumento perfecto para resarcirme de todo lo que me habían hecho pasar. Ahora tenía que engancharles al juego, hacerles participar, pero dirigiendo las preguntas para poder conocer las respuestas. Me convertí en un médium cuya única capacidad era saber aguantar la risa, porque en mi interior me reía a carcajadas de todos ellos sin ningún tipo de piedad.

Hice algunas preguntas más con respuestas triviales que yo no debería conocer, hasta que Marcelo quiso apostar más fuerte y preguntó en voz alta.

-A ver, espíritu o lo que quiera que seas… quiero que me digas cuanto tiempo me queda de vida.

Por toda respuesta el vaso quedó inmóvil sobre el número “cero”, ante los ojos abiertos hasta lo imposible de Marcelo.

Me miró de inmediato buscando una respuesta, una explicación, y entonces se quedó callado, tan pálido como un muerto, porque seguramente notó en mi expresión que yo estaba más asustado que él.

Han sido incontables las noches durante todos los años que han pasado desde entonces en que me he despertado preguntándome si era mi dedo el que movía aquel vaso, o era el vaso quién arrastraba mi dedo. Porque yo quería marcar el cero para responder, como después quise mover el vaso a otros números y letras igualmente fatídicos, pero sentía que era otra voluntad la que animaba el movimiento del vaso, por mucho que siempre fuera a donde yo lo llevaba.

Si levantaba el dedo el vaso se paraba. Si lo volvía a posar sobre él, se movía de nuevo. Respondía justo lo que yo quería responder, marcaba el número o la letra que yo pretendía marcar, pero era como si el vaso tuviera urgencias propias, como si se aferrara a mis respuestas y ya no me permitiera alterarlas. Como si se hubiera convertido en el instrumento de mi venganza, mucho más allá de darles un gran susto a quienes me habían humillado.

Pero nada de todo esto que os cuento tendría mayor importancia si no fuera porque todas las predicciones que me fuí inventando en aquella horrible y fraudulenta sesión de espiritismo, absolutamente todas, se fueron cumpliendo una detrás otra.

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9 Comments

  1. Anoche llegué de tomar algo sobre las dos de la madrugada y leí el 2: no fui capaz de seguir con el 3, así a oscuras y con la casa en silencio. Quiero decir que daba miedito y eso que aún no había pasado nada terrorífico, por lo tanto: Enhorabuena! Has conseguido enganchar y cumplir con las expectativas de este género. Y ahora con la Ouija ya has terminado de “cagarme”😉.
    Coincido con Fran, no sé a qué esperas. Tus personajes deberían patearte el trasero para convencerte de una vez y que te lances. No tiene porqué ser perfecto, solo un primer paso. Ayuda a mejorar, aunque te equivoques, y tú LO SABES.
    Besacos!

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    1. Muchas gracias y perdona por la paz robada!
      Sobre esta historia: en lo positivo, he tomado un riesgo que parece que esta funcionando: contar la historia en primera persona y desde la perspectiva del culpable, que además lo cuenta mucho después, como una confesión, sabiendo todo lo que ha ocurrido. Para él no hay intriga ni misterio…¿como hacer que el relato si los tenga? Uff, tengo que medir cada palabra para no meterme en un patatal, procurar esos puntos donde se genera incertidumbre, pero con mucho cuidado para no caer en contradicciones ni traicionar la lógica.
      Y ahora tengo que montar una sucesión de acontecimientos que tengan una explicación lógica pero además mantengan la incertidumbre, que es la madre del terror. Bueno, para eso se escribe, para aprender.

      Con respecto a escribir. Yo os agradezco mucho vuestra opinión, y más viniendo de personas que ya me vais conociendo un poco. Pero tengo mis defectos: una necesidad de agradar que se convierte en la obligación de no decepcionar, mis inconstancias, la que traigo de serie y la que me impone el asco de vida profesional que llevo, que unidas ponen en riesgo todo lo que emprendo, y sobre todo lo que no sirve para llenar el frigorifico.
      Con estas mimbres, ¿cómo podría generarme más obligaciones? ¿Como empeñarme en algo de lo que a lo mejor me veo capaz, pero que se que al menor soplo de viento se va a ir al carajo?
      Son varias las veces que lo he intentado; unas, escribía cuatro cosas y ya estaba deseando enseñarlas, resultado: ahí se quedaron.
      Otras veces, me metía en tales berenjenales por hacerlo bien, que no había por donde cogerlo.
      Escribir es también un estado de animo, una circunstancia que te inspira, que te hace seguir pese a todo, y yo tengo que encontrar ese momento, ese impulso, porque si no solo me traicionaría a mi mismo con intentos inútiles.
      Sé que llegará, pero antes tengo que resolver demasiados asuntos.
      Pero me quedo con tus palabras, porque veo en otros la fe en mí que yo no tengo: existe la posibilidad de que yo sea quien está equivocado. Y eso, para mi, ya vale mucho.
      Un abrazo, te he dejado algo más de miedo por ahí, aprovecha La Luz que hoy hay un eclipse!!😂😂

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      1. Nada que perdonar😂😂
        Tienes razón en lo de la primera persona contando hechos pasados, es difícil no contar más de lo necesario. Sin embargo, esto también es una ventaja porque con pequeños detalles consigues dejar la semillita de la intriga en el lector (intuyo que Fausto va en silla de ruedas, espero la muerte de Marcelo y sobretodo quiero saber hasta qué punto el narrador está implicado en esas muertes)
        Más cositas: para trabajo de mierda el de una servidora y encima mal pagado como el ochenta por ciento de la población. Saca tiempo para lo que te gusta, es terapéutico y además sé que el resultado será bueno.
        Me pongo en cuanto pueda con el 4 que no quiero que se me haga de noche.😉
        Besacos!

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  2. Israel me matas del susto, Fausto ha ido a coger un tema que a mi me impresiona mucho y es la Quija, me aterra. Quizás porque la he practicado un par de veces y sinceramente pasé un mal rato. Supongo que me tomaron el pelo, jaja.
    Me imagino la casa, tan tétrica y vieja como la describes y el tablero y no sería capaz de jugar.
    No voy a ser repetitiva, eres un crack escribiendo, y si hay alguna falta, que ni la he visto tan concentrada estaba en la lectura, y publicarás, para eso están los correctores. Por cierto sería tu fan número uno.
    Besos primor.

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    1. He escogido la ouija porque, siendo un tópico en este mundillo, me ha parecido el tópico que podemos tener más a mano, el más cercano, para que la historia pueda ser algo más creíble. ¿Quien no ha movido ese vaso alguna vez? Bueno está, no porque uno haya sido un gamberrete puede suponer que todo el mundo tenga las mismas manchas en el currículum.
      Hay algo de esta historia que me atrae: la culpa implícita. Es decir, Fausto provoca incidentes que van mucho más allá de sus intenciones, pues solo quería dar un buen susto, pero ¿que ocurre cuando nuestros deseos se cumplen? Porque el tenía esa intención, aunque ni en la peor de sus pesadillas se podrían hacer realidad.
      Entonces ¿que es lo que importa, la intención o el acto?
      Creo que ese es el fondo, el dilema por el que Fausto busca su redención. Y ese debe ser el eje de todo este asunto.
      Mañana más, vengo de tomar algunas cañas y ahora mismo me siento incapaz de darle un buen fin a esto. Mejor dormir, me esperan horas inquietantes.
      Por lo demás, muchas gracias por tus palabras que sé que no merezco. Me encanta tu trabajo, y me alegro mucho de haberte hecho pasar un mal rato, porque se trataba de eso,¿no?
      ¡Que bien suena eso de primor! No me lo decían desde que Pedro Antonio era Pedro Antonio! ¿Cuanto hará de eso?😂

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  3. Apesar de hacer un mal uso del guion corto por corresponder raya, escribir un nombre propio con minúscula y elidir las tildes que tanto llaman la atención por su ausencia y por vete a saber tú, mantengo lo dicho anteriormente: “… no sé aqué estás esperando…”.

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