Viajar para aprender.

No hay nada que abra tanto la mente como viajar. Conocer otras realidades, empaparse de la historia y las costumbres de otros lugares, salir de la burbuja de lo conocido y abrirse a nuevas formas e ideas. Viajar instruye y ayuda a ser tolerante y respetuoso con la diversidad.

Pero el viajero es animal asustadizo; huye de complicaciones, no quiere problemas y solo pretende estar tranquilo y seguro en los sitios a donde va.

España se está beneficiando en los últimos años de esta condición: las cifras récord de visitantes están computando el miedo de viajar a otros países del Mediterráneo que han sido objeto de atentados o que comportan riesgos por su situación política, económica o social.

¿Es esto negativo? ¿Afecta a nuestras ciudades más visitadas? ¿Hay que ponerle freno?

Pues no lo sé, solo sé que quienes deberían decidirlo son el conjunto de todos los habitantes de esos lugares. Los que ven cómo sus ciudades prosperan, los que se benefician de los cuartos que se dejan los turistas, los que usan de las infraestructuras de comunicaciones que tienen esas ciudades precisamente porque son muy visitadas, los que comprueban cómo su patrimonio artístico y cultural se protege y mantiene por y para disfrute de todos, turistas inclusive, los que disfrutan de mejores servicios sociales porque las arcas ingresan más gracias a lo que gastan los viajeros, los que tienen más posibilidades de trabajar en diversos sectores relacionados con el turismo y la hostelería, los que pueden presumir de calles limpias y cuidadas porque se invierte más en ellas, los que presumen del prestigio internacional de su ciudad porque acoge grandes espectáculos y congresos, los que, en definitiva, viven en una burbuja privilegiada gracias a su atractivo turístico.

Pero ¿es SU burbuja? ¿Son dueños ellos de los puertos, las calles, las carreteras, las estaciones, los hospitales…? Definitivamente NO. Todo eso es de todos. Porque lo hemos pagado entre todos. Ojo, que ese “todos” incluye también a los turistas, pues mucho de eso se ha pagado con fondos comunitarios o gracias a que sus países compran nuestra deuda externa.

¿A que viene entonces esta cruzada contra los infieles visitantes? Yo solo le veo un interés a esta caza del turista: Joder al prójimo para hacerse notar.

Porque hay que ser idiota para creerse dueño de los museos y las avenidas, y hay que ser gilipollas para pensar que solo deben ser para quienes viven en ellas, y hay que ser tarado para creer que actúan en nombre de nadie más que ellos mismos, y hay que ser malnacido para pasarse la ley y la soberanía del pueblo por la entrepierna solo porque creen estúpidamente tener derecho a pasear al perro sin cruzarse con un tipo de ojos rasgados que lleva una cámara de fotos, y sobre todo:

Hay que ser un verdadero hijo de la gran puta para querer quitarle el pan a todas las familias de este país que viven del turismo.

Yo creo en el imperio de la ley. Me guste o no, es la ley que tenemos. Y creo que el pueblo de este país debería protegerse, dentro de la ley, de quienes solo pretenden imponer sus ideas por encima de cualquier otra consideración.

Por eso pienso que a todos esos bastardos malnacidos habría que hacerlos viajar para que se instruyan y abran sus mentes, y para ello procurarles viaje y alojamiento con todo incluido en algunos de nuestros centros históricos de honda raigambre, rehabilitados para la ocasión, como son Carabanchel o La Modelo.

Tal vez viajando de esta forma comprendan que los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás, lo que en este caso sería al otro lado de las rejas.

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2 thoughts on “Viajar para aprender.

  1. Bueno no creo que haya que insultar tanto. Hay turistas y turistas. No sé dónde vives pero si tu ciudad estuviera llena de turistas que se orinan en cualquier esquina, que arman bronca, que se pegan, que beben hasta caer medio muertos…no sé si te gustarían tanto.
    Si los turistas son gente educada y que cuida y se comporta es perfecto, las ciudades están para visitarlas y ver lo bonito que tiene cada una, pero también respetando, que como bien dices es de todos y por eso mismo todos hemos de cuidarla, los que vivimos en ellas y los que las visitan.
    Estoy segura que cuando tu viajas no te comportas de cualquier forma, seguro que respetas el lugar a donde vas.
    Saludos

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