Antología del despiste.

No era raro ver a Alfa con un zapato de cada color. Ella tenía cierta fijación con el calzado: un día, ante un escaparate, exclamó sorprendida que aquella temporada se llevaban unos zapatos muy extraños, hasta que su acompañante le hizo notar que aquello era una ortopedia.

Beta, viejo conocido, tenía otras costumbres. Nos costó mucho resolver el tema cuando se dejó el coche arrancado con las puertas cerradas. O cuando yendo de viaje, paró a poner gasolina y, con el despiste, salió de la estación de servicio en sentido contrario. Bueno, es un despiste que le puede pasar a cualquiera, pero él volvió a su casa. 

No pocas veces tuvimos que buscar su coche verde en distintos aparcamientos; una de ellas tuvimos que ir en el mío pasillo por pasillo mientras pulsaba el mando de la alarma, hasta que en uno de ellos sonó un cuak-cuak y se encendieron unos intermitentes.

Gamma tenía otras especialidades, una de ellas muy digna de mención: un día olvidó quitarse las bragas que llevaba puestas antes de ponerse otras. Diréis que no tiene nada de especial ir por la vida con dos bragas puestas… excepto cuando vas a hacer pipí y solo te bajas una.

Épsilon es ya mayor. Una vez dejó una propina bastante extraña en un restaurante: después de comer pasó al baño a lavarse los dientes. Todavía guardan allí su dentadura postiza por si alguien “pdegunta pod ella”.

Omega nos dejó a todos con la boca abierta aquel día, en casa de sus futuros suegros, cuando, de repente, nos hizo callar a todos, se levantó, se armó de valor y mató de un certero escobazo aquel enorme bicho de la pared, la preciosa mariposa disecada que era el orgullo de la colección familiar.

Vaya, me he dejado algunas letras atrás, ¡se ve que me habré despistado con tanto despiste! Da igual, como muestra bien vale un botón, doy la relación por concluida y a otra cosa. Total, uno más de los posts que escribo y después no me atrevo a publicar, y ¡en buena hora! ¡Solo faltaría que alguno de los damnificados leyera esto y me crujiera vivo. 

Nada, nada, ahora ¡a borrarlo y listo!

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8 comentarios en “Antología del despiste.

  1. Es una pena que algo tan estúpido como dejarse el coche arrancado con las puertas cerradas desmerezca la creatividad y pericia del autor.
    Las puertas de los coches se pueden abrir y cerrar sin problema alguno siempre y cuando estas no hayan sido cerradas con llave o el mando a distancia… ¿Pillas por dónde voy?

    Saludos

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    1. La palabra clave es: antiguamente. Eso pasó en el 91 o 92. El coche, un Rover 316. Se podia echar el seguro de la puerta delantera y cerrar la puerta trasera, también con el seguro echado. Ese fue el caso, estábamos en un bar (para variar) y nuestro amigo entro diciéndonos lo que había pasado. Imagínate, todos allí con la cerveza en la mano pensando en cómo abrir el coche mientras aquello no paraba de gastar gasolina. Al final, en los bares siempre hay un mecánico, y consiguió bajar un cristal lo suficiente para abrir una puerta.

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          1. Tenlo por seguro: vividos en primera persona (el momentazo de la mariposa lo recordamos cada vez que nos vemos y, si, al final se casó con ella a pesar de todo), y algunos relatados por los propios autores.

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