Donde se gesta un nuevo crimen.

Aquella sala era el lugar más druídico de todo el estado, posiblemente de todo el país, y sin embargo carecía de cualquier signo externo que pudiera darlo a entender. Si la ADM era una organización que se había mantenido hasta ahora en el anonimato, operando con el mayor de los sigilos, su centro real de poder no podía estar mejor oculto que en uno más de los cientos de despachos alquilados de un gigantesco edificio de oficinas en el centro de Chicago.

La compañía “foreign allied investments” no era más que una eficiente tapadera para el lugar desde el que el dispater, el gran sinarca, regía los destinos de la organización. Desde aquel despacho moderno y minimalista sin ninguna concesión al buen gusto se extendían las redes que permitían controlar todas las sinarquías de Illinois y dominar a sus miembros. Sentado a la silla de acero y piel negra, Ewans rendía cuentas al dispater tras haber concluido la ronda de visitas a los sinarcas.

-Todos han sido ya convocados, dispater.

-Perfecto. Has hecho un buen trabajo, pero aún te queda un servicio por hacerme, Ewans.

-Como desee, dispater. ¿De qué se trata?

-Aunque los signos parecían favorables yo conservo algunas dudas. Había algo extraño, algo impuro, algo que me temo que pudiera afectar al ritual. Podemos haber perdido una gran oportunidad, Ewans. Y necesitamos tener seguridad total.

-Pero… habíamos seguido todos los pasos, la purificación fue impoluta, y el sacrificio se realizó con gran destreza, no es posible que…

-La víctima, Ewans. Se me ha revelado que la víctima no era propiciatoria. ¿De dónde sacasteis a ese hombre, Ewans?

-Buscamos a un indigente, como usted dijo, alguien cuya desaparición no despertara sospechas. El hombre era algo mayor, si, pero comprenda que resulta bastante arriesgado y…

-¡Maldita sea, Ewans! ¿Es que no te das cuenta? ¡Hemos ofendido a los dioses! La ofrenda tiene que estar a la altura de la petición, y – el dispater alzó la voz en este punto arrastrando cada una de las palabras – ¡nuestro fin es tan elevado que sólo entregándoles un alma pura obtendremos una respuesta!

-¿Un alma pura?

El dispater alzó de su sillón su imponente estatura y, apoyando las manos nudosas sobre la mesa, acercó su rostro delgado y barbudo hasta casi rozar la testuz del temeroso doctor.

-Ewans, dentro de dos días volveremos a consultar a los dioses, esta vez contando con el poder del círculo; la primera luna tras el equinoccio marca el cambio real de la estación según el calendario solar y eso nos presenta una nueva oportunidad. ¡Por eso hemos convocado a todos los sinarcas esta vez! ¡Por eso vamos a hacerlo en el mismísimo centro del círculo que crearon nuestros antepasados! Y por eso esta vez calmaremos la ira de Taranis con un alma pura y, una vez cumplido el rito con todos los auspicios a favor, nos será revelado el final de nuestro propósito.

-Conseguir un alma pura comportará asumir graves riesgos, dispater.

-Ewans, hay muchas cosas en juego y tu vida es tan solo una de ellas. Parte ahora y cumple con lo que te he encomendado: tráenos un alma pura. Y entiende que tu mayor riesgo es aparecer con las manos vacías.

-Comprendo, dispater.

-Yo mismo te inicié en los ritos. Sabes perfectamente lo que tienes que hacer. Ahora, vete en paz.

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