Donde aparece un cuerpo.

La mañana se presentó demasiado fría y desapacible para un veinte de Marzo: todo parecía indicar que la suave primavera de Chicago se haría esperar unas semanas más. Ajeno al frío, el viejo reloj de la esquina entre las calles State y Benton aún no marcaba las ocho de la mañana cuando se oyeron unos gritos en la calle y se empezó a formar un corrillo de mirones y personas asustadas: había un cuerpo tendido sobre la acera.

Pese a los intentos de reanimarle nada se pudo hacer por él. Varios policías de uniforme formaron un perímetro de seguridad y lo taparon con una manta. Al cabo de unos minutos una figura alta, vestida de oscuro, se abrió paso decidida entre los curiosos.

-Buenos días. Sherman, de homicidios. ¿Qué tenemos aquí?

-Pase, señor. Varón, raza blanca, de unos sesenta o setenta años, con múltiples heridas de arma blanca. -Respondió nervioso el joven policía.

-Vaya, vaya ¿cuanto hace que saliste de la academia? 

-Unos meses, es mi primer destino y…

-Tranquilo, muchacho, todos hemos tenido una primera vez. ¿Le habéis registrado?

-Yo llegué el primero. Nadie ha tocado nada, señor.

El inspector se acercó al cuerpo y empezó a registrarle minuciosamente. No llevaba cartera ni ningún documento que ayudara a identificarle. Le abrió la camisa con cuidado y pudo ver el enorme corte transversal en el pecho.

-Chico, ayúdame con esto. Sujeta la ropa aquí… y aquí, eso es. ¡Vosotros, alejad a toda esa gente, esto no es un circo!

En la gran cavidad sangrienta habría cabido un puño. Los forenses van a tener una mañana movidita buscando el corazón de este pobre diablo -pensó. Entonces notó como el joven policía intentaba decir algo.

-¿Estas bien, muchacho?

-No se preocupe, señor, mi padre tiene una carnicería. Es solo que…

-Dime, ¿Ves algo raro?

-He visto descuartizar muchas piezas, señor, para abrir asi la caja torácica con un solo corte hay que tener un buen hacha… y muy buena mano.

-Si, esto es obra de un experto, sin duda, pero, ¿que me dices de esos otros cortes?

-Son superficiales, pero muy precisos. Como si fuera un ritual o alguien hubiera querido dejar esas marcas a conciencia.

-Vaya, ¡ahora dime que eres buen tirador y te saco de estas calles en un par de minutos! Andamos cortos de personal en homicidios, ¿sabes? Piénsatelo.

-Gracias, señor…

-Sherman.

-Sherman. Agente Wallis. Nueve de diez blancos en los últimos ejercicios con arma corta. Y si, lo pensaré, señor.

Sherman volvió a tapar el cuerpo y se puso a indagar por los alrededores. No había manchas de sangre ni rastros de ningún tipo. Las calles bullían de gente andando apresurada, algunos entraban y salían de las tiendas del edificio Capitol, y un par de curiosos hacían fotografías al sol que asomaba entre los edificios, justo al final de la calle. Pronto vendrían los forenses a levantar el cadaver. Ya no tenía nada más que hacer allí.

 

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