De una sociedad que se hace mayor e inmadura.

¿Por qué tiene que ser necesariamente un problema el envejecimiento de la población?

Pues tal vez porque solo se consideran las cifras, el creciente gasto sanitario y asistencial, y el déficit de la seguridad social, que tiene que afrontar cada vez más pensiones con menos trabajadores que cotizan. Se analiza la cuestión en términos económicos globales, se hacen simulaciones y proyecciones a largo plazo y se obtienen números muy pesimistas. Se habla de sostenibilidad, de pérdida de capacidad productiva, de mermas en los rendimientos y las cotizaciones. Y se olvida todo lo demás.

Pues yo niego la mayor: esos costes suponen un gran beneficio para la economía de un país. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que durante la pasada crisis han sido todas esas pensiones las que han sostenido a familias quebradas, acogidas y financiadas por los abuelos. Y hay que pensar también que cada céntimo pagado en pensiones vuelve al mercado, sea en bienes de primera necesidad, en alquileres, en suministros y en productos de consumo, pues esto estimula el consumo y genera beneficio en la economía. Es dinero bien invertido por el estado, desde la perspectiva del mercado, a diferencia de otros gastos que no tienen ese efecto.

El coste sanitario y asistencial, por ejemplo, se traduce en infraestructuras sanitarias y puestos de trabajo en el sector, tanto públicos como privados. No es dinero perdido: hay mucha gente que vive de este sector en alza. Las necesidades de los viejos se convierten en salarios para los jóvenes y mejores medios de atención para toda la familia. Cada céntimo que cuesta la salud de un viejo va a la nómina de un joven, a la cuenta de resultados de una empresa, o vuelve al estado. El dinero de las pensiones cumple con el principio de conservación: no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Otro tanto ocurre con el gasto en medicamentos y productos sanitarios de todo tipo. No se regalan medicinas a los viejos, no: el estado paga una factura que genera beneficios en la industria farmacéutica y asistencial, que a su vez pagan (o deberían pagar…) cotizaciones e impuestos. Es una buena inversión, por ejemplo mucho mejor que el pago de intereses de la deuda del estado, dinero que desaparece en manos de especuladores internacionales (nota demagógica del día).

Pero además está la cuestión del derecho a esas percepciones. El estado no regala: devuelve. Cuando aún no eres viejo cotizas (o cotizan) por tu trabajo. Y eso te da derecho a que te devuelvan esos ahorros cuando ya no puedes trabajar. Pero además el estado tiene la obligación de ser solidario, y con el esfuerzo de todos sostener las economías más débiles: viudas, huérfanos… Esto tampoco es un regalo: es una deuda del estado con la sociedad.

Pero dejemos a un lado la economía, y veamos la demografía, y la propia sociedad. ¿Por qué es malo que la sociedad envejezca? Para empezar, el crecimiento de la esperanza de vida es una conquista de la civilización, una tendencia positiva de la que debemos alegrarnos. Sin embargo la caída de la tasa de natalidad es un fenómeno negativo que por cierto no es culpa de los viejos, sino de los jóvenes, que no asumen la responsabilidad de tener hijos que sus padres si supieron asumir y gracias a ello existen. Oigan, jóvenes del mundo, hay derechos pero también responsabilidades, ¿o es que ese día no fueron a clase?

Me atrevo a afirmar que el envejecimiento de la población se debe, en parte, a la inmadurez de la población (joven), a su falta de compromiso, a su egoísmo al anteponer una vida cómoda y negarse a dejar de salir, viajar y demás por el lastre que supondría tener y criar hijos… A no asumir el rol que sus padres si asumieron por ellos.

Pero, ¿cómo que no tienen dinero para ser padres? ¿Cómo que la cosa está muy mala? ¿Cómo que ahora no, más adelante? ¿Qué es eso de disfrutar unos años y después, si eso, irlo pensando? Excusas. Mejor dicho, excusas de mierda. Lo que no hay es capacidad de sacrificio, y ese es un componente esencial del amor. Pero, claro, hoy el amor es otra cosa. Hoy el amor es algo que se siente, es algo muy de uno. Caramba, en mi mundo el amor es un montón de cosas que haces por los demás. Lógicamente si no hay esa capacidad en potencia de amar a un hijo, de darle vida y hacer un montón de cosas por él, se entiende que se folle solo por hacer deporte.

Si, hay un alto componente de egoísmo en todo esto. Hoy estorba todo, tanto los viejos como los hijos, y por eso la pirámide no engorda. Cuando la persona antepone su propio bienestar y disfrute, cuando en el ciclo natural de nacer, crecer, reproducirse y morir se tacha una de las palabras, y cuando además todo en la sociedad invita a hacerlo, tenemos un grave problema.

Hay más causas, pero me centro en el asunto. ¿Por qué va a ser negativo que la sociedad cuente con gente experimentada, valiosa, gente comprometida que sí asumió sus responsabilidades y no solo vio sus derechos, gente que es perfectamente válida y útil por su conocimiento y su extensa trayectoria profesional y personal?

¿Por qué hoy no se valora todo ese capital de conocimiento y experiencia que suponen nuestros mayores? ¿Por qué se les arrincona y olvida, excepto cuando hace falta que tiren de la libreta de ahorros para echar una mano o cuando se les secuestra nieto en mano para ahorrarse la guardería?

¿Tal vez porque no se adaptan a usar un smartphone? ¿Porque no están en el mundo? Pero, ¿en qué mundo, en este artificio de tecnología y modas que caduca cada poco tiempo para que tengamos que renovar todos los aparatos, y de paso las ideas? ¿En este mundo donde nadie es capaz de arreglar nada, donde no hay que pensar porque las redes te lo dan todo ya pensado? ¿En este mundo que no crea nada, solo copia y pega? ¿En este mundo tan avanzado, cualificado y culto que no sabe distinguir “haber” y “a ver”?

¿Es que no hay sitio en este mundo donde todos se buscan emoticonos en el ombligo para todas esas personas admirables y sacrificadas que lo hicieron y dieron todo por nosotros? ¿Por qué se les trata como a una carga, como a un lastre, como a personas obsoletas y caducas, y se les arrincona y olvida?

Una sociedad que no cuida de sus mayores se está pegando un tiro en el pié. Ellos son su mayor valor, su historia, su experiencia y su sabiduría. Son sus raíces, y el único pilar que se sostiene cuando todo cae. Son la base firme que mantiene la cordura de esta sociedad tan voluble, mezquina y hedonista.

¿Sabéis que os digo? Que el envejecimiento de la población supone en realidad el enriquecimiento de la sociedad; es un enorme logro de la evolución que nos permite tener abuelos y disfrutar de ellos, y no solo como personas, sino también como sociedad.

Yo no veo el problema por ninguna parte. Al contrario, los problemas empiezan cuando vas bajando escalones en la famosa pirámide demográfica. Pero, claro, hablar de eso es tan inútil y tan políticamente incorrecto que en las redes sociales hoy en día no se hace otra cosa.

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