La Cultura y el Poder.

Se sentía tan libre para escribir que no obedecía dictados, pero como era persona agradecida él mismo se dictaba. El dinero había pasado a ser una mera circunstancia, porque solo importa de verdad cuando no se tiene. El éxito llegó de forma repentina, casi violenta, como una palanca poderosa que le liberó de penurias y le permitió dedicarse por entero a su arte. Con él vino la fama, y desde luego más dinero y algunas otras satisfacciones y reconocimientos que compensaban con largueza la pequeña molestia que suponían esos hilos.

Porque en realidad a él no le dictaban, pero los hilos eran los hilos. Todo era muy sencillo. Solo tenía que dejarse ver por allí, prestar su nombre a eso de acá o aparecer apoyando aquello de más allá. Y lo hacía con gusto. Incluso llegó a convencerse de todo lo que él mismo, hombre bien nacido, se dictaba por agradecimiento.

Poco a poco ascendió en una fulgurante carrera, porque eso sí tienen los hilos, que sirven para tirar y para mover pero también para elevar. Son muy curiosos estos hilos. Y desde luego tienen otro extremo, que no es un cabo suelto, aunque eso solo lo saben en los círculos.

Los círculos. Vaya. Ahí sí que no llega cualquiera. Los círculos no tienen puertas de entrada, aunque si de salida, y por eso es tan complicado entrar en ellos. De hecho en los círculos se está, y raramente se llega a ellos, siempre por los hilos.

Pero todo le iba bien, muy bien, y un buen día alguien de arriba tiró de su hilo. Era alguien agradecido, tan agradecido como él. Y fue subiendo, izado por su bienhechor, hasta que para su sorpresa entró en los círculos. Estaba extasiado, pero cuando empezó a contemplar todo aquello sintió un no se qué, que no era decepción, no, pero tampoco era admiración o sorpresa: Aquello no era como él que esperaba.

Porque él había venido cargado de ideas. Ideas como las que se dictaba, pero mejoradas, elaboradas, embellecidas, e incluso también algunas ideas propias. Y de pronto descubrió que todas esas ideas allí no servían de nada. Esas ideas eran únicamente para el mundo exterior, porque en el círculo se movían otras ideas bien distintas.

Mirando pensativo a su alrededor descubrió por casualidad los extremos de algunos hilos. Y luego vio más, muchos hilos, una infinidad de hilos que no conocía, hilos que jamás hubiera creído que existieran, y sin embargo allí estaban todos, algunos atados en cualquier sitio, otros asidos con firmeza.

Pasados unos minutos intentó integrarse en algunas de las conversaciones, pero le eran extrañas, inesperadas y difíciles de entender. Se sintió como un niño entre personas mayores, perdido en un mundo que estaba más allá de la inocencia de sus ideas y de sus principios.

Debió notársele en la cara porque algunos le miraron y sonrieron con ternura: aquella seguramente era una reacción típica de los recién llegados. Y cual si se tratara de un rito iniciático o de una ceremonia de iniciación, se acercaron a él y sin mediar palabra pusieron en su mano un hilo para que lo manejara. Era un hilo al azar, un hilo como todos, no podía saber qué había en el otro extremo.

De repente todos le miraban.

Aquello era una prueba. Esperaban que hiciera algo, así que tiró del hilo muy suavemente, casi sin moverlo, porque él era un hombre muy agradecido pero no se atrevía a tirar más de la cuenta; no controlaba aquel extraño mecanismo de los hilos, del que solo conocía en realidad la otra parte, ni podía medir el efecto de los tirones, pues él no había recibido en todos esos años más que algún suave tironcillo sin importancia.

Pero vio en todos aquellos rostros adustos y expectantes que el tirón no había sido suficiente. Esperaban más de él. Más energía. Más firmeza. Mas… agradecimiento. Pensó por un instante en el daño que podía causar en el otro extremo, pero trató de apartar esa imagen de su mente. Pasaban los segundos. Todos le miraban. Reunió valor, o tal vez lo perdió, y entonces tiró del hilo con todas sus fuerzas.

El dolor fue insoportable.

Pero más insoportable aún fue escuchar el estruendo de las carcajadas a su alrededor. Comprendió que había superado una especie de novatada, que todos los que estaban allí también habían pasado en su primer día el mal trago de tirar con todas sus fuerzas de su propio hilo.

Le fueron abrazando por turnos y, como acto final, procedieron con mucha ceremonia a cortar su hilo. Poco más tarde pudo comprobar con orgullo como se completaba su admisión en los círculos al recibir en su tobillo el mismo grillete que lucían todos los demás miembros. Y entonces se sintió muy, pero que muy agradecido.

 

 

Anuncios

3 comentarios en “La Cultura y el Poder.

  1. A mi este relato me ha llegado, y mucho. Si no lo he entendido mal se resume en que una vez llegas al poder, la fama o el reconocimiento, llámese cómo se prefiera, parece que perdamos la libertad de expresión y acabemos sumisos ante aquellos que en algún momento tiraron de nuestros hilos.
    Tengo la esperanza (igual peco de ingenua) de que no todos los favores esperan ser devueltos. Al menos yo no funciono así. Si digo que algo me gusta es porque lo siento y no porque espere un “me gusta” de vuelta.
    Aunque espera…¿De qué cantidades estamos hablando?😂😂😂

    Le gusta a 1 persona

    1. Así es, al hablar de manera tan metafórica de hilos y agradecimientos el tema queda más abierto. En esta vida nada sale gratis, ¡que le pregunten a Fausto!

      Pero esta vez no me refería a nuestro mundillo: con estas palabras quería provocar: la sumisión de la cultura al poder es tan antigua como el hombre; el mecenazgo tiene su precio, y cuando entra en juego la política, aparecen los dictados, las doctrinas, la doble moral y la subversión del arte por un objetivo distinto a su esencia.

      Y cuando el creador accede a los círculos de poder y descubre todo el tejemaneje es cuando se enfrenta a la gran decisión: morder o aceptar el collar. La frase más importante de este escrito, la única frase que importa, es cuando tiene que tirar del hilo, pues ahí está la gran decisión: rebelarse o integrarse. Por eso digo que reunió valor, o tal vez lo perdió…

      Me gusta

      1. Sí, esa frase lo resume todo. Sí, lo entendí bien, yo lo he aplicado a lo que nos toca para acercar la situación a algo más conocido. Porque, amigo mío, ese yugo puede aplicarse hasta en este pequeño mundillo…
        Besacos!!!

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s