De Diógenes.

He notado que en los últimos días, tal vez semanas, no me tomo muchas molestias para inspirarme. Será que no me pasa nada interesante, o puede que solo escriba para evadirme de las cosas que me pasan.

Esta es ahora mi costumbre: Me fijo en cualquier cosa a mi alrededor, una silla, un catálogo, mi propio culo, cualquier cosa sin importar bien qué, y la interiorizo. Me la guardo. Y una vez dentro le invento una historia, o creo una historia a partir de ella. O la archivo para mañana, que también soy muy dejado.

Me vale pues cualquier motivo, pero, ¿y lo demás? Todo está ya dentro: tramas, personajes, recursos, palabras, y también ideas, paisajes, emociones y recuerdos. Porque soy como una urraca que se guarda todo lo que brilla. Atesoro todas esas percepciones cual si tuviera un raro síndrome de Diógenes que me llenara la imaginación de trastos de toda especie, tanto, que ni siquiera el poco sueño que me permito (No puedo dormir sin leer, ni leer sin habérmelo ganado antes) sirve para hacer algo de limpieza en este marasmo caótico que es mi cabeza.

Me preocupa.

Porque no sé ya todo lo que puede haber aquí dentro. Puede que algún día ponga orden y aparezcan los libros que nunca escribí, o las cosas que quise hacer, o las ideas que deje para más adelante, o las que no fui capaz de materializar. Puede que encuentre historias, y seres, y muchas situaciones, porque aquí tiene que haber un poco de todo. 

Puede incluso que aparezca todo lo que creí perdido, o que de tanto limpiar al final me encuentre con mi mismo, y no me guste.

Pero lo que más me asusta es que buscando, organizando y limpiando encuentre entre todo lo que guardo a los propios lectores. Y entonces, vaya, ¿para qué escribir? ¡Si ya están ahí y lo han visto todo! ¡Si no hace falta que yo les cuente, porque ya saben!

Sería horrible no tener una razón para contar, peor incluso que no tener nada que contar. No, no voy a tocar nada, mejor dejar este caos como está, que ya iremos haciendo sitio como sea para lo que pueda ir llegando.

Y en cuanto a lectores, que no “mis lectores” porque solo faltaría que me adueñara de ellos por el mero hecho de que pierdan su tiempo por aquí, son y están, y es por ellos que escribo. Me importa un bledo que sean pocos, acaso uno solo me bastaría. A ellos les debo las ganas de escribir, y de ellos es todo lo que escribo.

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