Grandes (des) Propósitos 

Creo que muchos pensamos que tenemos un propósito en esta vida. En realidad, tenemos muchos propósitos distintos, más grandes o más pequeños. Puede incluso que uno de ellos sea precisamente encontrar ese propósito fundamental, la misión importante para la que estamos preparados, o predestinados, o elegidos, o capacitados, o como cada quien prefiera definir esa intención última que le da sentido a todo. 

¿Es tu caso? Porque desde luego es el mío. 

Nunca supe que contestar a eso de ¿qué quieres ser de mayor? Natural. ¿Cómo hacerlo si ni siquiera sabía lo que iba a hacer al día siguiente? De hecho llegó un momento en que decidí con pragmatismo contestar sencillamente que de mayor yo quería ser… ¡mayor!

Esto no era solo una obviedad, ni otra más de mis ocurrencias (siempre he sido de gatillo flojo), sino la expresión de uno de los deseos fundamentales del hombre, que a su vez es el último deseo más interesante que puede pedir cualquier condenado a muerte: llegar a viejo.

Recuerdo que en mis tiempos de estudiante una vecina preocupada en exceso por mi bajo rendimiento académico me dijo: “¡hay que ver! ¡Tu hermano va a ser arquitecto! ¿Y tú qué vas a ser, eh?” A lo que contesté con soltura: “Pues… !el hermano del arquitecto!”

Porque hay quien tiene vocación, y hay quien se la encuentra. Y después estamos los que en vez de hacer lo que nos gusta, hacemos que nos guste lo que hacemos. 

Los que no tenemos un propósito, vaya. Y en ausencia de misión más importante, esa búsqueda se convierte en el propósito fundamental, al menos hasta descubrir para qué vale uno en realidad y entonces poder afanarse con empeño en esa nueva meta. 

Yo por el camino voy haciendo cosas, además lógicamente de llegar a viejo, sorteando todo tipo de accidentes y no solo geográficos, pues cada nuevo día tiene su afán y la propia conciencia no es mal gps.

El caso es que a mis cincuenta y uno aún estoy por descubrir, pues no se me conoce vocación y mi currículum tiene más curvas que la chica del mes. Esto, lejos de ser frustrante, hace mi vida interesante, aunque me prive de cualquier loca aspiración a reunir mérito para aparecer en la Wikipedia o para que me nombren siquiera hijo predilecto de alguna aldea abandonada, que ni comprándome un pajar para poder censarme como único habitante reuniría la mayoría necesaria para sacarlo adelante.

O puede que el problema no tenga solución y al final, de mayor, acabe siendo niño solo por joder, cosa que cuadra a la perfección con mi forma de ser.

A mí me da igual. No hay nada como conocerse a uno mismo. Me encanta ser así de disperso y si nunca puedo llegar a decir que he triunfado en una cosa, al menos siempre podré presumir de haber fracasado en muchas. 

Que no es poco.

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3 comentarios en “Grandes (des) Propósitos 

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