Pasó un ángel.

Estaba en uno de esos infiernos de mármol y techo altísimo de escayola con los que el Estado le recuerda al individuo lo pequeño que es cuando, de repente, pasó un ángel por allí.

¡No me jodas!

No era mi intención, pero aquel funcionario se parecía demasiado a Clarence, el ángel de segunda clase que se ganó las alas con el tipo aquel de la casa de empréstitos.

Y no paraban de sonar campanillas. Porque después de la aparición, me di cuenta de que la máquina que avisaba el turno a los que esperaban estaba repartiendo alas como si lo fueran a prohibir.

Vaya, pensé, ¡si al final voy a salir de aquí con papá euro en una mano y mamá euro en la otra!

Pero no, volvió a pasar y en realidad no se parecía tanto. ¡Qué idiota! 

La máquina de los turnos siguió pitando en perfecto japonés.

Fue hermoso mientras duró.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s