El derecho a fracasar.

En esta sociedad que nos vende modelos de éxito inalcanzables para la inmensa mayoria de las personas, el fracaso se presenta como una estupenda alternativa para quienes no se conforman con ser mediocres.

Tal vez por eso esté tan estigmatizado. Nos inculcan desde pequeños el miedo a fracasar, a cagarla y a hacer el ridículo, aparentemente para protegernos y para evitarnos trances desagradables. Pero, ¿no será otra la razón que impone estos comportamientos?

¿No será que de lo que se trata en el fondo es de que tengamos una conducta ordenada y políticamente correcta, que no asumamos riesgos, que no intentemos imposibles y que nos limitemos a ser esa masa que aplaude y que consume mansamente las vidas de los triunfadores convenientemente dosificada por los medios y las redes?

¿Y no será entonces este efecto sedante, adormecedor de la iniciativa y el talento, la razón por la que esta sociedad no perdona el fracaso, y se ceba con el árbol caído, pero no porque haya caído, sino porque tuvo la tremenda osadía de querer ser árbol?

El fracaso debería ser un derecho universal. ¡Debería premiarse, joder! Me vienen a la cabeza grandes fracasados, y tal vez el más claro exponente sea Van Gogh, el genio que no vendió un solo cuadro en toda su vida. Pero hay más, muchos más grandes personajes que experimentaron fracasos, desde Mozart a Edison, y no por ello dejaron de intentarlo. Incluso los dioses de barro de la tecnología actual, los Jobs, Gates y demás, tuvieron que lidiar con más de un severo revés. 

¿Y qué importa? Fracasar no es un final, sino sólo el principio del próximo intento. Tal vez por eso nos meten tanto miedo a fracasar, para que no lo intentemos. Para que no emprendamos aventuras inútiles ni empeños ridículos. Para que nos limitemos a pudrirnos como vegetales sentados en un jodido sofá contemplando la jodida vida de las jodidas Kardashian.

Porque ese el éxito que nos venden, tan estupido como inalcanzable, tan inútil como imposible. Esa es la droga con la que nos duermen, el pienso con que nos alimentan, la mierda con la que nos recuerdan lo tristes que son nuestras vidas porque no tenemos cuna, ni suerte, ni gloria, ni fama, ni nunca las vamos a tener. 

Cuando el verdadero éxito está en la satisfacción personal de marcarse un objetivo y luchar por el. De tener una idea y creer en ella. De mostrar en publico nuestras carencias, en vez de avergonzarnos de ellas y limitarnos a vivir de prestado las perfectas vidas de los famosos y los triunfadores. De arriesgarse. De pensar por uno mismo, a ser posible en más de ciento cuarenta caracteres.

Un fracasado solo es alguien que lo intentó. Ese hecho le sitúa muy por encima de los borregos estupidos, mediocres y anodinos que nunca han intentado nada por miedo a fracasar, pero se permiten el lujo de criticarle…¿porque no tuvo éxito? El éxito es una quimera. De nada le valen ahora a Van Gogh los millones que pagan ahora por sus cuadros en las subastas. 

Pero yo creo que ese tío era feliz pintando y eso, que quieres que te diga, eso sí está a tu alcance. Solo tienes que intentarlo. Y cagarla. Y volver a intentarlo…

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15 comentarios en “El derecho a fracasar.

    1. Claro que si. No hay que temerle al fracaso, al contrario, equivocarse es una gran forma de aprender. Pero ¿por qué se penaliza tanto a quien fracasa? ¿Es solo por envidia, por falsa superioridad o por esa puñetera manía de decir “si yo ya sabía que ese no iba a ninguna parte con eso”? Pues yo creo que no, que hay más, que la sociedad no tolera que alguien quiera superarse y hacer cosas distintas, precisamente porque eso demuestra por qué Van Gogh No vendió ni un cuadro: ¡¡porque los equivocados eran los demás!!

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  1. No hay mayor fracaso que quedarse de brazos cruzados por temor al qué dirán o pensarán… pues, entre otras, corres el riesgo de no encontrar algo que te satisfaga, que te haga feliz, que te sientas realizado…; evidentemente, sin necesidad de serte reconocido por terceras personas, es decir, sin alcanzar la fama ni el éxito colectivo.

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    1. Eso es! Intentar hacer algo no por alcanzar el hecho, sino por el menor placer de hacerlo, o por platearte un reto, o por poder sentirte vivo y útil. ¿Que más da lo que piensen? ¡Lo que importa es lo que uno piense, crea y sienta! Ese es el éxito personal: saberse capaz de intentarlo. ¡Y echarle huevos!

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  2. Por si alguien no lo tiene presente: en Silicon Valley, la crema y nata del mundo tecnológico (donde se mueven cifras de dinero fabulosas), quienes han invertido cientos de millones y los perdieron en intentonas empresariales, lejos de quedar como unos “burros” hablan de esas pérdidas con la misma entereza que un soldado valiente exhibe una herida de guerra. No está muerto quien pelea, quieren decir.

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    1. De hecho en Estados Unidos hay leyes de segunda oportunidad para emprendedores (creo) que les permiten levantarse después de caer. En España el estado se ensaña con ellos para terminar de hundirlos, salvo que se trate de bancos, claro.

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  3. Me ha parecido genial tu escrito, cuanta verdad has dicho. Pan y Circo es lo que están acostumbrados a dar, pero las cosas cambian y ellos no están por el derecho a fracasar.
    Saludos.

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  4. Una simple frase que dice lo que pienso y que coincide con lo que expresas: Quien no arriesga, no gana.
    La pasividad no es mas que miedo al fracaso, la incapacidad de tomar decisiones y actuar. Es algo con lo que nunca, nunca, nunca he comulgado.
    PS: Lo de van Gogh, y muchos otros como su caso, también tiene que ver con los convencionalismos existentes en un momento dado, el pensamiento imperante, etc. No hay mayor riesgo que desafiar lo establecido.

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  5. Creo que el fracaso no existe, solo son experiencias vívidas, de los riesgos existen dos consecuencias o ganas o pierdes. Ahora bien si pierdes, que es la idea del fracaso para lo cual nos programaron, es un aprendizaje, ante la catástrofe total, no existe otra alternativa que salir de ella fortalecidos. No creo ya en luchar amigo mío, estoy cansada de luchar, creo que conforme fluye un día y otro, todo sale a pedir de boca. Agradezco porque existe el sol, la luna, las estrellas, mis padres viejos y complicados siguen vivos y sanos, mis sobrinos que me hacen reír, mi familia que no me entiende pero me acepta. Y ahora me siento rodeada de amigos! Creo que cada día es más hermoso, creo en la paz interior, esa es la casa que debe estar bien limpia y a través de la cual vas a conseguir el éxito. Es una mala programación. Estamos mal programados porque ser exitosos no es algo que les guste a los poderosos. Abrazos fraternos. Por cierto, el cartero sustituto, tuvo buena acogida en el taller literario. Tío te estamos leyendo en un pedacito de cielo de Venezuela. No todo esta tan perdido, es cuestión de percepción.

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  6. Me gustó mucho, da para reflexionar, el fracaso sólo existe en la cabeza de aquellos que no pueden aprender de los errores y buscar nuevas alternativas para superarlos, también a veces hay que ver a quien le estás dando la autoridad para que haga el dictamen.
    El miedo al fracaso, detiene, y obliga a seguir el camino ya estipulado.
    Como dice Almafuerte: ” no te des por vencido, ni aún vencido”. Un abrazo grande

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