Estudiar.

Hay que reconocer que el verbo estudiar tiene bastante mala prensa. Quizás por esa componente de obligación que nos inculca durante años el sistema educativo, o puede que por la insistencia con que profesores y padres, cargados de buena intención, llevan siglos abusando del imperativo.

El caso es que a mí me encanta estudiar. Lo hago continuamente, de hecho, estudio más desde que terminé mis estudios. Y desde luego no soy una excepción en esto. Por eso he querido dedicarle una entrada al estudio, así que ya sabes lo que te espera en los próximos párrafos.

[Pausa retórica]

Gracias por seguir leyendo. Te explico mi afirmación anterior: estudiar tiene como consecuencia lógica aprender. Y aprender es una de las grandes razones para las que estamos en este mundo. Hay otras formas de aprender, muchas, pero el estudio tiene la enorme ventaja frente a las demás, fundamentalmente empíricas, de que partes de la experiencia de alguien que ya sabía.

Así es. En esta vida se puede aprender de los errores, a cabezazos, de las consecuencias de nuestros propios actos, de la observación, deduciendo, induciendo, razonando en general y de otras mil maneras que requieren el esfuerzo de observar, analizar y extraer conclusiones.

Mientras que estudiando se aprovecha el esfuerzo de una enorme cantidad de personas que ya hicieron antes todo ese trabajo, y te lo brindan cocinado y listo para consumir a través de su obra publicada. Si, es una obviedad, pero no hay que pasarla por alto.

Porque puedes decidir entre perder tu vida reinventando ruedas o puedes sencillamente leer y aprender. Lo segundo es infinitamente más práctico y satisfactorio. 

Y es una de las razones por la que adoro estudiar.

Pero hay más. Estudiar multiplica la cantidad de conocimiento total que puedes adquirir en toda tu vida. Sí, la limitación no está en el cerebro, ni la memoria se agota, ni la cabeza corre riesgo de reventar si le metes demasiados datos: para eso tenemos una válvula de escape que se llama dormir, recurso que permite que reciclemos toda la basura que nos entra por la tele y demás, liberando así espacio para lo que realmente importa.

No hay más límite para la cantidad de conocimiento que puedes adquirir que el tiempo que puedes dedicar a aprender. Y ya sabes, mors certa, hora incerta, tu tiempo tiene un limite. Hay que rentabilizarlo. Así que que importa mucho saber escoger una forma eficiente de acopiar conocimiento.

Ya te tengo donde quería. Ahora piensa en esto: En el tiempo que tardarías en deducir por ti mismo el teorema de Pitagoras podrías adquirir a través del estudio una base importante de toda la matemática y la geometría. 

Vale, eres de los que odian las matemáticas (allá tú), escogeré otro ejemplo.

A ver este: En el tiempo que invertirías en idear y desarrollar un sistema ergonomico y eficaz para limpiarte el culo, los que ya usamos papel higiénico podemos leer Guerra y Paz. Varias veces.

¿Te gusta más? El otro ejemplo era más claro, pero, como decía, allá tú.

En definitiva, estudiar es la actitud más eficiente para adquirir conocimiento. Porque las técnicas basadas en aprender de una grabación mientras duermes solo sirven para hacerte un experto en Ronquidología. 

Vamos un poco más allá. Estudiar es la mejor forma de aprender y tú necesitas aprender. No creo que haga falta que te justifique esa necesidad de aprender, si fueras tan idiota no estarías leyendo esto.

Pues estudiar además es algo divertido, hermoso y muy productivo. Tan productivo que es posiblemente lo mejor en que podemos invertir nuestro tiempo. Si, ya sé, hay mil maneras mejores de gastar el tiempo, pero yo he dicho invertir. Invertir implica aportar algo en espera de obtener una rentabilidad. Gastar es otra cosa, y para tu información la laxitud post coitum está muy sobrevalorada.

Estudiar, como decía, es divertido y hermoso (lo de productivo creo que ha quedado claro). Lo es, como puede ser hermosa y divertida cualquier otra cosa que de esas que solemos hacer por obligación, siempre que:

Uno, responda a un deseo propio.

Dos, sepamos hacer que sea hermosa y divertida. Si, se puede. Solo hay que ser pragmático: ya que tengo que hacer esto, voy a hacer que me guste.

Esa es la clave: actitud. 

Cuando se sabe desarrollar la actitud correcta, se puede convertir algo desagradable que se hace por obligación en algo que se afronta como un reto atractivo del que se saca el mejor rendimiento a la vez que se disfruta en el propio proceso de su consecución. Esto vale para el trabajo, para asistir a un velatorio, para ir al dentista e incluso para estudiar.

Todos tenemos la capacidad de conseguir hacer que algo nos guste, por encima de lo que piensen o nos digan los demás (pregúntate siempre por qué lo dicen). Y esa actitud es la que diferencia a las personas que se quejan de todo de las personas que saben sacarle partido a cualquier situación. 

Llámalo optimismo, pragmatismo, docilidad o incluso inconsciencia. Llámalo estupidez o frikada. Llámalo como quieras. Pero aplicando este sencillo principio adquirimos la capacidad de liberarnos de prejuicios, de sobreponernos a las obligaciones, de ser libres para elegir el camino más duro si nos apetece  y de disfrutar con plenitud de cuanto hacemos. 

Por ejemplo, a mí… !me encanta estudiar!

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9 comentarios en “Estudiar.

  1. Pues ya somos dos. Yo sigo estudiando. Estudié de niña por obligación, de adolescente porque quería ser algo, de joven por ilusión y ahora más curtidita porque me gusta. Hay mucha gente que no lo entiende, te dicen que cómo tienes ganas después de trabajar y demás ponerte a estudiar a las diez de la noche y cosas así. Yo contesto, porque me gusta igual que a tí ver el peliculón o gran hermano.
    Por cierto, me quedo con el segundo ejemplo😂

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  2. Somos muchos los que amamos estudiar. Tenemos sed de conocimiento y nos gusta aprender. Nos gusta conocer a personas que saben más que nosotros y no nos sentimos inferiores a ellos. Una persona sabia es humilde y si es pedante, significa que no posee el don de la sabiduría.
    Creo que uno nunca terminará de aprender…nos falta vida para tanto conocimiento, pero mientras estemos vivos, aprovechemos la vida al máximo para aprender, viajar, soñar, crear, amar, tropezar, caer, levartarse, estudiar y ayudar.

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