La Riemann.

¿Me preguntas por qué compro arroz y flores?
Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.
Confucio.

La brusca sacudida arrojó a Sarah con fuerza contra la pared. La oscuridad inundó de pronto el laboratorio y sus ocupantes quedaron totalmente desorientados e incapaces de realizar el menor movimiento. Gritaron y maldijeron, pero al cabo de unos segundos empezaron a preocuparse unos por otros, preguntándose por su estado, hasta que sus conversaciones acabaron siendo devoradas por un silencio extraño, lúgubre y total.

Para el viajero espacial el silencio se compone en realidad de esa multitud de murmullos y ruídos que dejó de oir al cabo de unos pocos días en la nave, y la oscuridad consiste en la luz residual que engaña a su cerebro cada pocas horas diciéndole que es de noche, cuando en realidad en el espacio siempre es de noche. Pero el verdadero silencio y la oscuridad total son casi imposibles en el interior de una nave. Su llegada anuncia la peor de las pesadillas para sus ocupantes: el fallo generalizado de todos los sistemas.

Sarah tuvo la extraña sensación de que empezaba a caer mientras trataba de incorporarse buscando a tientas algún punto de apoyo. Sus pies parecían querer despegarse del suelo y todo su cuerpo de movía al unísono en respuesta al más pequeño impulso. Sintió una ligera náusea que le resultó bastante familiar. Pronto sus ojos empezaron a habituarse a la tenue penumbra azul que provenía de los leds de un par de monitores, aún activos gracias a sus baterías, y entonces pudo ver que sus tres compañeros flotaban en caida libre, como ella, agitándose torpemente para encontrar algo a que agarrarse. Como ya se temía, también había desaparecido el efecto de la gravedad artificial en la nave.

-¿Estais todos bien? ¡Maldita sea! ¿Qué ha pasado? – gritó Frank Reed, geólogo especializado en ingeniería climática y jefe de la misión científica.

-Estoy bien. Debe ser una avería; parece que se han caído todos los sistemas. ¡En el peor momento, joder! – contestó Sonja Olienova, química y bióloga molecular del equipo, mientras trataba de orientar sus pies hacia el suelo.

-Esperemos que lo arreglen pronto y podamos comprobar si hemos perdido los datos. Mantened la calma y ¡no toquéis nada!

A pesar de la confusión y del tremendo susto aquellos científicos se aferraban a la idea de que se tratara de una avería en el suministro de energía. Un contratiempo que llegaba en el peor momento, justo cuando empezaban a recibir y procesar datos fiables de la multitud de dispositivos y sensores colocados en el exterior de la nave, pero nada más que eso, un contratiempo. Sin embargo Sarah, ingeniera experta en comunicaciones, sistemas de navegación y soporte vital, conocía la nave mucho mejor que todos ellos y sabía que habría ocurrido algo mucho más grave. Trató de ocultar su preocupación para no alarmarles.

Aún no habían tenido tiempo de sobreponerse cuando sonó un nuevo estruendo, seguido de una fortísima corriente de aire que empezó a arrastrar sus cuerpos ingrávidos de forma irresistible en dirección a la puerta del laboratorio. Alarmados e impotentes, tuvieron que aferrarse a lo primero que encontraron para evitar ser succionados, mientras multitud de objetos a su alrededor eran succionados y lanzados al espacio.

-¡Agarraos con fuerza! -gritó Reed.

-¡Aguantad! ¡Aguantad hasta que se cierren los mamparos! – añadió Sarah.

Durante unos segundos eternos llegaron a temer por sus vidas, mientras el ciclón imparable arrancaba violentamente todo tipo de objetos y dispositivos, golpeándoles en su recorrido. Finalmente se activó el sistema autónomo de protección, cerrando las compuertas estancas que aislaban los distintos compartimentos de la nave, y cesó de repente aquel horrible ciclón.

Pasado el peligro, tras recobrar la compostura y asegurarse de que nadie estaba herido, todos empezaron a asumir la gravedad de la situación. Solo ahora podían comprender aterrorizados que aquello no era una simple avería. Se había producido el incidente más temido desde el inicio de la aventura del hombre en el espacio: la nave se estaba despresurizando.

Sarah estaba entrenada para interpretar estos síntomas: La descompresión significaba que estaba dañado el casco de la nave. La total falta de energía hacía temer por las lineas de distribución de energía, las baterías de reserva e incluso por el generador de fusión. Pero más preocupante aún era la total ausencia de alarmas o alumbrado auxiliar: indicaba que ni tan siquiera funcionaban los sistemas de emergencia. ¿Qué podría haberlo causado? ¿Una explosión? ¿Un impacto exterior?

Los científicos empezaron a ponerse más y más nerviosos discutiendo sobre las causas de la situación que estaban experimentando y teorizando sin sentido sobre errores en el diseño de la nave, sobre la falta de redundancia en los sistemas de emergencia y soporte vital o sobre los procedimientos para casos de emergencia. Es curioso como afrontamos a veces la desesperación trasladándonos a aquellas áreas del pensamiento en las que nos sentimos más cómodos, al precio incluso de ignorar la más cruda realidad.

Pero Sarah no tenia tiempo para teorías. Trató de aislarse de estas discusiones y de toda la confusión reinante para intentar conectarse de alguna forma con el puente de mando y poder obtener instrucciones e información de primera mano. Descubrió que había perdido el enlace con la red interior de la Riemann. Era lógico que la red se hubiera caído junto con el resto de sistemas. No obstante se aseguró de que su commpack estuviera cargado; sentía que sus nanoimplantes estaban operativos, pero a pesar de ello no conseguía establecer ningún tipo de comunicación.

Pese a sus esfuerzos no encontraba ningún nodo operativo al que engancharse. Trató entonces de enlazar de forma manual con las redes de mantenimiento e incluso con los canales auxiliares de servicio de algunos sistemas, pero tampoco obtuvo respuesta.

-No tenemos comunicaciones -anunció a todos -, ni tan siquiera por los canales de emergencia.

-Eso no puede ser, Sarah. Tiene que haber algo que funcione, la red auxiliar, los canales ejecutivos… ¿Dices que no encuentras nada? ¿Ni un solo nodo?

-Nada. Pero es posible que tenga dañado el commpack o los implantes… parece imposible, pero, no sé, puede que haya sido un pulso electromagnético o quizás una sobrecarga… Espera, Frank, vamos a probar punto a punto.

Su mente formó el mensaje [Sarah] ¿Me recibes Frank? y de inmediato sus nanos lo codificaron en ondas electromagnéticas que enviaron a través de sus respectivos commpacks hasta los nanos de Frank para que estos ejecutaran el procedimiento inverso. Tras esta sencilla comunicación directa y a muy corta distancia, una práctica hoy cotidiana entre nanoportadores que tan solo unas décadas atrás se habría llamado telepatía y catalogado de paranormal, Frank contestó de viva voz:

-Si, te recibo perfectamente Sarah. Compañeros -como le gustaba llamar a los miembros de su equipo- aunque estamos sin red nos quedan los commpacks y veo que tenemos algunos terminales con baterias de respaldo.

-Pero sin comunicaciones ni alimentación, no nos servirán de mucho. – añadió Olienova.

De hecho, la inmensa mayoría de los dispositivos y sistemas que poseia la Riemann obtenían su energía de los nodos de la red interior, desde los procesadores o los sensores externos a los propios commpacks que todos los tripulantes llevaban adheridos a su espalda. No existía apenas cableado, enchufes o conectores en toda la nave, salvo las lineas superconductoras con las que el generador de fusión distribuía energía a los sistemas principales.

En el interior de la nave tanto la energía como la información se transmitía a través de ondas electromágneticas, mediante enlaces que todos los dispositivos establecían con los omnipresentes nodos. Esto aumentaba la velocidad de proceso, favorecía la movilidad de los dispositivos, reducía su tamaño y su consumo, reducía el peso total del equipo al prescindir de transformadores y baterías, optimizando la carga útil de la nave, y aportaba tal infinidad de ventajas que se había prescindido de cualquier otro sistema alternativo en el diseño de la nave.

Ahora comprobaban que esta tecnología revolucionaria se había convertido en su mayor debilidad: al caerse la red todos los dispositivos que dependían de ella habían dejado de funcionar.

-Cierto -respondió Reed-, estamos sin nodos, pero seguimos teniendo un cerebro y dos manos ¿no?, así que vamos a tratar de…

No pudo terminar la frase porque una fuerza irresistible les empujó de nuevo a todos violentamente contra una de las paredes. Sin embargo esta vez no hubo ruidos, ni fue tan brusca como la anterior, pero sí mas sostenida, tanto que en unos segundos se vieron literalmente aplastados sin remisión. Sus cuerpos soportaban un peso tan enorme que les atenazaba, les impedía moverse, hablar o respirar siquiera. Sarah recordó el empuje de diez o doce Gés de las pruebas de resistencia previas a la misión. Supo que si no remitía en unos segundos morirían todos sin remisión.

Aunque no lo parezca continúo con mi historia de fantasía, de la que he escrito más pero no he publicado nada en los últimos días. ¡Ha ocurrido algo interesante!

Resulta que tenía otra historia en cartera, aparcada desde hace bastante tiempo en espera de tener tiempo o ganas de ponerme con ella. Y resulta que me he dado cuenta de que esa vieja historia y la historia fantástica de ahora son compatibles. De hecho, con unos retoques, ¡encajan a la perfección!

De la unión de estas dos historias nace algo mucho más grande. Yo ya sabía que tendría que reescribirlo todo (en ambas historias), pero ahora, desde esta nueva perspectiva, ese trabajo implica además integrarlas, sin solución de continuidad, y conseguir que las tres tramas principales encajen, se complementen y se completen unas a otras. 

Joder, ¡si que me voy a divertir!

He dicho tres mundos. Uno ya os lo he presentado un poco, aunque con una visión muy enfocada en las Djarn, los Hardman y dos o tres escenarios. El segundo mundo es la Tierra, nuestra Tierra, en un punto de su historia futura en el que se empieza a viajar a otros planetas, pero no por el impulso de la ciencia, sino por la más urgente necesidad. De este segundo mundo os acabo de mostrar parte de lo que llevaba escrito, aún sabiendo que ese material no sirve y tendré que rehacerlo por completo.

Del tercer mundo, que pese a su nombre será el más importante, el elemento dominante de toda la historia. De este otro mundo desconocido y misterioso no os voy a contar absolutamente nada, no todavía: Sería un spoiler imperdonable. 

He decidido presentaros algunos capítulos de esa vieja historia, convenientemente troceados porque eran muy largos. Estas escenas serán las primeras del libro y servirán para introducir la historia en complejidad creciente. Como veréis, nos sitúan en un contexto totalmente diferente: en realidad el planeta que ya conocéis… pero visto desde una nave en órbita que atraviesa por momentos críticos.

 

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