El cartero suplente.

Apareció la mañana de un jueves en la oficina de Correos para una sustitución. Bajo y callado, sonriente, su pelo alguna vez fué moreno, pero no por eso parecía mayor. 

Cogió las entregas del día de los clasificadores con esa soltura que solo da la costumbre de muchos años. Saludó a todos y salió a repartir con la moto.

El portero de un edificio cercano le abrió y, tras darle algo de conversación, le pidió las cartas para colocarlas en los buzones como hacía cada día.

-Por supuesto, espere un momento.

Y entonces vió sorprendido como las repasaba una por una: publicidad, facturas, más publicidad… Hasta que se detuvo en una carta de un juzgado. Se la pasó cuidadosamente por la frente.

-Vaya, vaya…

La frotó un poco entre sus manos y continuó con su revisión. Hizo lo mismo con otra carta del Ayuntamiento y con una de un banco.

-Aquí tiene. ¡Hasta mañana!

Quienes pudieron verle ese día en su ruta pudieron observar ese mismo comportamiento. Sistemáticamente revisaba las cartas y aquellas que le parecían especiales se las pasaba por la frente y las frotaba. Manías, pensaron algunos, curiosidad, dijeron otros. El continuó día tras día con ese extraño proceder sin hacer caso a los comentarios.

Quince días más tarde Ernesto Gómez se reincorporó al trabajo y volvió a su ruta. Alguna de la gente que conocía le hablo de la extraña costumbre de su sustituto, a la que no dió mayor importancia. Con su llegada el barrio recuperó la normalidad en el reparto. 

Amaba aquel barrio.

Su barrio, en el que había repartido durante años y donde últimamente habían suspendido varios desahucios, los resultados de una biopsia fueron objeto de celebración, se anularon bastantes multas por razones diversas, algunas cuentas corrientes dejaron de estar en negativo, se aprobó una oposición, se citaron varias entrevistas de trabajo, se concedió una custodia, se pagaron varios siniestros por compañías de seguros y llegaron inesperadas cartas de amor.

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10 comentarios en “El cartero suplente.

  1. ¡Me lo pido para mi barrio! El nuestro solo trae multas y requerimientos de Hacienda y se cree que repartir los panfletos electorales es un gran ejercicio de responsabilidad democrática.
    Pobre hombre: no sabe los cientos de miles de votos sin usar que se tiran con cada elección.

    Le gusta a 2 personas

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