Un ensayo de mierda.

En los ambulatorios es fácil distinguir a aquellos que llevan a analizar sus excrementos: son los que llevan el botecito bien envuelto en papel, para que no se pueda ver su contenido.

Así nos avergonzamos de algo que ha formado parte de nosotros. Algo tan natural y universal que resulta imprescindible para la vida. Como muchas de esas otras sustancias y acciones tremendamente humanas de las que también reniega el buen gusto y que, sin embargo, forman parte de nuestra propia esencia.

La mierda no es más que la naturaleza que despreciamos, por inútil, por indigerible o por excedentaria. Más siendo un residuo, es trascendental para la vida. De ella se nutren plantas, moscas y gusanos, insectos y carroñeros, seres vivos como nosotros. No por ello los humanos somos mejores y más evolucionados, pues a nuestra vez consumimos los productos de esos seres, sus deshechos e incluso a ellos mismos. La única diferencia en realidad entre una jugosa manzana y una mierda, vistas ambas como sustento vital, es su aspecto y su aroma, y esto no es más que un convenio.

Nuestra hipocresía nos hace elevar a lo poético a una rosa por su aroma, cuando no es más que un mecanismo para atraer a los insectos, al igual que otras flores huelen a mierda para atraer a las moscas. Somos tan sibaritas que consideramos el marisco un manjar de dioses, cuando esos crustáceos y moluscos por los que pagamos un riñón y medio son en realidad los basureros del fondo del mar, que se alimentan básicamente de mierda, al igual por cierto que ese hermoso rosal que entierra sus raíces en el estiércol o que el preciosos naranjo cargado de azahar que ha sido abonado con mierda de vaca.

Si, al igual que las moscas, comemos mierda, debidamente transformada, y la única diferencia en realidad es que ellas no reniegan de su alimento ni lo llaman con eufemismos.

Pero no solo es alimento. Esa mierda que nos abochorna tanto que la exiliamos de nuestros propios hogares por discretos sanitarios y ocultas cañerías crea puestos de trabajo, sea en las plantas de tratamiento de aguas residuales, en las de reciclaje o en las de abonado. Da trabajo a analistas y a agricultores. Y, dada nuestra aversión por lo escatológico, genera un robusto mercado que se basa en el asco: desde el papel higiénico a los pañales, los fabricantes de inodoros y los de escobillas. Y los de ambientadores. Lo llamamos higiene. En realidad es asco.

No queda ahí su valor. La mierda fomenta la lectura, pues no son pocos los que aprovechan el tiempo dedicado a su desalojo en acompañarse de un libro, un periódico o incluso una revista de prensa del corazón que, todo hay que decirlo, suele tener a su vez un alto contenido de mierda.

Habréis de convenir también que la mierda, la tan odiada y marginada mierda, enriquece nuestro lenguaje, y así el término mierda se aplica a todo aquello que nos resulta despreciable, como por ejemplo serían las expresiones “texto de mierda” o “escritor de mierda” que bien pudieran aplicarse a estas humildes palabras y su autor. Pero os recuerdo que también es un lugar común al que enviar aquello que nos molesta o enoja, como podría yo hacer en caso de ser objeto de las expresiones citadas.

Quiero llevar a término mi argumento, que no es otro que rebatir la hipocresía con que tratamos aquello que nos parece impropio, cuando en realidad forma (o ha formado temporalmente) parte de nuestro ser. La mierda, quintaesencia de nuestra cursilería, no es más que el resultado de un proceso natural, como el aire que expiramos o el sudor que secreta nuestro cuerpo para enfriarse. La ignoramos, la ocultamos, la nombramos con eufemismos y la usamos para despreciar e insultar. Nos avergonzamos de ella cuando, en realidad, es necesaria y útil, supone el alivio de nuestra tripa y el descanso de algunas de nuestras urgencias. Imaginaos por un momento que fuéramos incapaces de deshacernos de ella. ¡No se me puede ocurrir situación más embarazosa! ¿Como sería el desfile de Victoria’s secret, con todos esos abdómenes hinchados y cargados de mierda? Porque, sí, he de recordaros que las supermodelos también cagan, por mucho que nuestro sentido común se empeñe en negarlo.

En resumen, todo lo que vengo a decir es que la mierda no es una mierda, por mucho que la tratemos como a tal. Hay que acabar ya con ese estigma. La mierda es una marca de oprobio, el más eficaz repelente de cursis ¡Cuántos de mis seguidores habrán pasado de largo por este texto solo por la mierda de titulo que le he puesto!

Pues eso no es justo, para nada. Si el texto tratara sobre sangre, sudor o lágrimas seguramente despertaría interés, al menos a los herederos de Sir Winston. Si fuera para mearse de risa creo que tendría buena acogida y se llevaría unos cuantos me gusta.  Pero al tratar sobre lo que trata, vaya, el caso es que no espero ni siquiera un comentario de mierda.

Da igual. Porque yo, al dejaros aquí este escrito sobre la mierda, me he quedado bien a gusto.

Básicamente porque eso es lo que te pasa cuando te deshaces de ella.

P.D. Tendréis que agradecerme que esta entrada no lleve imagen destacada.

De nada, para eso estamos… 

 

 

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15 comentarios en “Un ensayo de mierda.

  1. ¡Qué envidia me dan mis perretes cuando hunden sin problemas el morro en un tufo a truño! Sin embargo, les da asco el olor a gasolina, a humo de tubo de escape… que yo tolero y es mucho más perjudicial. En fin, los humanos somos muy peculiares 🙂

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  2. Solemos volvernos caquita a la hora de tocar estos temas, obviando que
    “Shit is so thick, that you could stir it with a stick…”
    (La mierda es tan espesa que podrías batirla con un palito) como dice R.E.M. en la canción Bad day.
    ¡Salud y good day!

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  3. ¿Cuántas veces habré dicho, mi vida es una mierda? Muchas, quizá una vez cada día, pero visto que la mierda, en su acepción escatológica, puede ser buena, me pregunto ¿es buena mi vida? he de pensarlo…
    Ha estado muy bien, Israel, y los comentarios le ponen la guinda al «pastel»
    Un abrazo.

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  4. Suceden varias cosas con la mierda, porque en cierto aspecto la mierda también es caca, producto fecal. Al determinar la mierda como mierda, se le está atribuyendo el sentido de mierda, sin embargo, ya convenimos, que la mierda no es mierda. Y mucho más, porque hablas de la mierda en general, pero también es necesario, creo, especificar rasgos específicos de la mierda, que añaden más potencia estratósferica a tu argumento. Es un galimatías que en este momento no tengo ganas de desarrollar, pero que seguro me pongo en marcha y te lo envío (pasado por el pancreas, el intestino y el recto, es decir, bien filtradito)

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    1. Es de entender que tema tan prolijo no pueda más que compendiarse dadas las limitaciones de este formato. Mucho se podría hablar sobre la mierda en sus distintas categorías y aspectos. Es relevante, por ejemplo, el aspecto cabalístico donde la mierda es el producto esotérico del tan proclamado tercer ojo. Otrosí afirmo que la mierda, como parte del mobiliario urbano, define la crianza y los principios de algunos animales, y de los perros que estos pasean. Mierda es, sin duda, el chorrito oscuro y zigzagueante con que artistas de nuevo cuño manchan los platos para que el bocado Gourmet sea algo más fácil de encontrar y justifique así su alto precio. Y mierda ha de ser sin duda el noventa y muchos por ciento del discurso del político al uso, para que los mierdas y las mierdos que le soportan tengan de qué discutir mientras el pueblo es gobernado por la casualidad o el libre albedrío de los funcionarios. Mierda hay a espuertas en los canales de televisión, aparato que hay que colocar siempre lejos del ventilador para que no huela toda la casa. Mierda tenemos por doquier en las redes sociales, y quieran los cielos que nunca inventen un dispositivo que transmita el olor porque en esas circunstancias el hedor se haría vital y volveríamos a padecer las grandes pestes que asolaron el mundo en la Edad Media. La mierda pulula sin recato por el mundo del famoseo donde basta con lucir apellido, acostarse con alguien que lo luce o simplemente contar que uno o una ha yacido con alguien que cumple alguna de las dos anteriores condiciones para convertirse en ídolo de masas y vender hasta las bragas, carguen o no con frenazo dedicado en exclusiva.
      Mierda hay pues en todo lo que nos rodea, tanta, que la propia palabra Mierda sufre tamaño desgaste y el vulgo le da descanso recurriendo a sinónimos de mierda tales como la mencionada caca, y los también comunes truño, monolito, sombrero de picador, ñorda, rueda de churros, cagada, palomino, pino, estaca, lastre y otros términos y expresiones de uso común.
      Conócese también la mierda por su efluvio, sustancia etérea que causa el pánico en ascensores y lugares cerrados donde no nunca tiene padre y causa efectos devastadores en el medio ambiente.
      Mierda, en fin, es este tema, si polvo somos y del polvo venimos, en realidad lo único que hacemos en la vida es añadir un poco de agua a nuestra sustancia para ser, dar y producir mucha, mucha mierda.

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  5. Muy bueno, me divirtió mucho, un dato interesante pues hablas de que las moscas y los gusanos comen mierda e insectos en general, seres despreciables para la mayoría, sin embargo uno que encumbramos y que también se alimenta de ella es la hermosa mariposa. Un abrazo grande

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  6. Interesante y entretenido punto de vista, pese a ello no estoy conforme con las diferencias mencionadas, pues creo que se te ha pasado por alto lo más importante, a diferencia de nosotros: los seres mencionados no pagan por comer mierda.

    ¡Mucha mierda!

    Le gusta a 2 personas

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