El pedestal.

El sentido común es la dictadura de las ideas propias. Al usarlo como argumento nos erigimos en portavoces de la masa, a la que endosamos nuestras opiniones como si fueran compartidas por todos.

Desde ese pedestal proclamamos sin reparo nuestras ocurrencias como si fueran verdades absolutas. Yo también lo hago. 

Ahora mismo lo estoy haciendo: acabo de soltar unas cuantas frases como si las hubiera leído en una enciclopedia, cuando en realidad son solo opiniones muy discutibles.

Es tan comun hablar sin fundamento que no sé cómo puede salir la gente de casa sin echarse un poco de sentido crítico en los bolsillos. Y no me refiero solo al discursito del camarero, el taxista o el peluquero que aprovechan que estás allí y tienes que oírles, mal que te pese, para sentar cátedra. 

Esto ha cambiado.

Hoy se puede decir la mayor gilipollez del mundo en 140 caracteres, y quedarse bien a gustito a costa de una horda de gente con prisa que se cree todo lo que está escrito, simplemente porque está escrito.

Es más, la gilipollez se puede hacer viral, porque como decimos en esta tierra “siempre ha habido un embustero y un apoyaó”. De esta forma, hay quien le da bola a cualquier cosa con tal de hacerse el/la interesante, y como resultado si te descuidas tu móvil acaba con unos cuantos gigabytes de pamplinas.

Hasta el punto de que llegas a preguntarte si tus amigos virtuales te tienen por idiota, vistas las idioteces que te envían. Y la respuesta es que si.

Así, si hoy lo más común no tiene ningún sentido, ¿qué ha sido entonces del sentido común?

Pues es sencillo: se ha hecho viral. Porque hoy en día hay tantos pedestales que la única forma de decir cuatro verdades es ir contra corriente y contárselas al peluquero. 

Y si acaso este te pregunta ¿cómo quiere que le corte el pelo?, responderle: ¡en silencio!

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2 comentarios en “El pedestal.

  1. Twitter es el nuevo tío del escudo. Esta es una referencia criptica a una novela de Javier Negrete. Si no has leído “Alejandro y las águilas de Roma”, no la entenderás. Pero si eso, ya te lo explico 😉
    PS: A mí es que hablar mucho con mi peluquera no me hace gracia… excepto cuando hablamos de nuestros perros, menos mal que compartimos gusto por los canes 😀

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