Hace algunos años luz.

El pequeño Carlos contempló extasiado el voluminoso paquete con su nombre escrito a rotulador. Aunque sus hermanos mayores no fueran capaces de reconocer aquella forma extraña bajo el árbol de Navidad, él no necesitaba desenvolverla para saber que contenía su ansiado microscopio. Rápidamente lo cogió y se fue a abrirlo a su habitación, tratando de evitar que se rieran de él por pedir cosas tan raras. Fue inútil. Siempre encontraban un motivo para sus burlas.

Durante los días siguientes se entregó a escondidas a su misión científica. Ante sus ojos aumentados desfilaron hormigas, pelusas, moscas, papeles, mocos, telas, arañas, fideos, alfileres y toda clase de materiales y pequeños seres. Pudo explorar los poros de su piel o ver como sus pelos se convertían en unos extraños troncos. Todo lo que caía en sus manos era objeto de un minucioso escrutinio.

Aunque el juguete no era otra cosa que un tubo con lentes de plástico capaz de lograr unos pocos aumentos, hubo algo que consiguió aumentar más allá de todo límite: su curiosidad. Ahora quería ver las partes más pequeñas de las partes más pequeñas, y si era posible las partes más minúsculas que componían estas últimas, y seguir así, profundizando en el abismo de lo pequeño y lo más pequeño todavía, hasta llegar a ver los propios átomos.

-Solo tiene veinte aumentos, hijo. Y ni siquiera con el instrumento científico más avanzado del mundo se podrían llegar a ver los átomos.

Adiós a otro sueño. Le afectó más incluso que el secuestro de su microscopio que, pese a pagar el rescate con una ingente cantidad de lágrimas, quedo para siempre sin resolver. Total, ya no le servía para nada.

Pero Carlitos siguió obsesionado con los átomos, aquellas pequeñas bolitas que giraban sin cesar alrededor de otra gran bolita. Se preguntaba de qué se compondrían aquellas pequeñas esferas, quién las crearía, por qué girarían así, qué haría que no salieran despedidas, qué las empujaba, qué sentido tenían. Qué eran en realidad.

Porque él las había visto en alguna parte y no recordaba dónde.

-Merino, ya que no le interesa la clase al menos podría compartir sus pensamientos con  todos nosotros. – El profe sabía bien como sembrar unas buenas risas.

-Pues… pensaba en esos… en esos átomos que ha dibujado en la pizarra.

-Claro. Átomos. Hay que reconocer que aquí se ven pequeñitos, pero ¿sabía usted que estos átomos tienen nombre?

-Pues… no, la verdad.

-Pues… ¡Sí!, ¡Sí que lo tienen, Merino! Mire, este átomo se llama Venus, este de aquí es Mercurio y este otro átomo es la Tierra, ¡el planeta al que usted acaba de regresar hace un momento! – Y con esto se cobró su ración de carcajadas.

Estaba claro, ¡ahí era donde había visto las bolitas! ¡El sistema solar! Entonces las cosas se componían de átomos y estos en realidad eran como minúsculos sistemas solares. Pero, ¿Y si eran sistemas solares en realidad? ¿y si el núcleo era un sol y las bolitas eran los planetas girando a su alrededor? Entonces tendrían agua, rocas y piedrecitas como las que había destripado para ver en su microscopio y ¿por qué no? ¡Seguramente se componían a su vez de átomos aún más pequeños! Y estos, en realidad podrían ser a su vez sistemas solares muchísimo más pequeños, y así… ¡Así hasta el infinito!

-Pasamos ahora a la página 16 y vamos a corregir los ejercicios de ayer…

Entonces, ¿Y si nuestro sistema solar era en realidad solo un átomo? ¿y si la Tierra no era más que parte de un átomo que pertenecía a un lápiz, o a una mesa, o a la mano de un niño… una mano como la mía? ¿Y si ese niño vivía en un planeta que era parte de un sistema solar gigantesco que en realidad no era más que un átomo? Entonces el asunto también funcionaba al revés, los sistemas solares eran en realidad los átomos que formaban toda la materia de un sistema solar inmensamente más grande y este a su vez…

-Martínez, a la pizarra. Vamos con el segundo problema: si yo tengo una cesta con veintidós manzanas…

Pero, ¿y si el sistema solar más grande de todos fuera en realidad… solo un átomo… que formara parte… del sistema solar más pequeño? ¡Vaya! Entonces ¡todo encajaría! Lo grande sería pequeño y lo pequeño, grande. Si se aplastara esta mota de polvo con el bolígrafo podría estar destruyendo millones de sistemas solares, y se destruirían sus átomos, y los átomos de sus átomos, y así sucesivamente hasta llegar al más pequeño de esos átomos, pero uno de esos átomos podría ser en realidad nuestro sistema solar y entonces…

-Merino, ¡Merino! ¿nos haría usted el favor de decirnos qué tiempo hace por ahí arriba?

Muchos años más tarde Carlitos seguía sin prestar atención en clase, ni siquiera en las de física cuántica, y continuaba siendo objeto de las burlas de profesores y compañeros. Así fue durante toda su vida, ignorado por sus compañeros de trabajo y por los demás investigadores, eternamente distraído, ensimismado sin remedio, malviviendo de una precaria beca, siempre en peligro por falta de resultados, y desde luego incapaz de compartir su indemostrable idea de los átomos-sistemas por miedo a hacer el ridículo.

Hasta el día en que sus átomos se fueron separando, la mayoría para fundirse con los de ese universo imposible en el que Carlos nunca había dejado de creer, otros simplemente para desintegrarse.

Algunos de estos últimos dieron lugar a estrellas especialmente hermosas.

 

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9 thoughts on “Hace algunos años luz.

  1. Muy bonito, sí señor.
    Me encanta la intercalación de las “paranoias” de Carlitos entre el desarrollo de la “acción”, más que nada, porque son cosas que yo también he pensado de vez en cuando y que, lejos de ser infantilismos, ahondan en dos cuestiones importantísimas: la enormidad (que no infinitud) del Universo y sus maravillas, y, por otro lado, la enanez del ser humano, por muy antropocéntricos que seamos.
    Y, por supuesto, la curiosidad infantil, muy necesaria para crecer como ser humano interesado en el mundo que le rodea y dispuesto a aprender…

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  2. Sin duda, se trata de un relato tan interesante como su autor, pese a ello, me veo en la obligación de ponerte al corriente de alguna norma que se te ha pasado por alto:

    Párrafo 2:
    Si me permites una sugerencia, considero que, en lugar de “… Ante sus ojos aumentados desfilaron hormigas, pelusas, moscas, papeles, mocos, telas, arañas,…”, estaría mejor “Ante sus ojos, aumentados, desfilaron hormigas, pelusas, moscas, papeles, mocos, telas, arañas,…).
    En el mismo párrafo:
    “Pudo explorar los poros de su piel o ver *como sus pelos se convertían en unos extraños troncos…” Cuando como puede ser sustituido por de qué manera, de qué modo o por qué, sin que cambie el sentido de la frase: ha de ir con tilde.

    Párrafo 13:
    “*Pero, ¿Y si eran sistemas solares en realidad? *¿y si el núcleo era un sol y las bolitas eran los planetas girando a su alrededor?”… Poner coma entre _pero_ y el signo de apertura de interrogación está considerdo erróneo… los signos de interrogación e interjección llevan implícita la función del punto y lo que le sigue ha de iniciarse con mayúscula.

    Párrafo 15:
    “*Entonces, ¿Y si nuestro sistema solar era en realidad solo un átomo? ¿y si la Tierra no era más que parte de un átomo que pertenecía a un lápiz, o a una mesa, o a la mano de un niño… una mano como la mía?”… “¿A santo de qué inicias con mayúscula la frase que va detrás de la coma?, ¿por qué no has iniciado con mayúscula la interrogante siguiente si no has puesto ningún signo entre los interrogantes?” (?, ¿)

    Párrafo 17:
    “*Pero, ¿y si el sistema solar más grande de todos fuera en realidad… solo un átomo… que formara parte… del sistema solar más pequeño?

    Saludos

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    1. Muchas gracias!

      Carlitos es el único dueño de su mundo interior y por tanto puede decidir qué teorías son ciertas allí y cuales no. ¿Las estrellas de la última frase son de su mundo o del nuestro? Eso lo tiene que decidir cada uno.

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