Cien años perdidos.

En 1917 Europa estaba en guerra. Millones de jóvenes se dejaban la vida en las trincheras mientras sus familias y sus países pasaban todo tipo de necesidades. El mundo entero se entregó a una sangrienta lucha autodestructiva a causa de la incomprensión entre los hombres, la ambición de unos pocos personajes, la prisión ética de la intolerancia entre los pueblos y la absurda y letal ceguera del fanatismo. Después vinieron muchas más guerras, grandes o pequeñas, mediáticas u oscuras, pero los motivos siguieron siendo los mismos.

Cien años más tarde parece como si nada hubiera cambiado. Vuelven a propagarse las mismas ideas aberrantes que tuvieron como origen aquellas dos grandes guerras. Y muchos contemplamos con horror como estas ideas calan incluso en las sociedades democráticas con más solera, para dar de nuevo soporte a supremacías raciales, ideológicas o culturales, discordias territoriales de lo más rancio y al combustible que inflama todos los conflictos: la intolerancia.

Nada parecemos haber aprendido. Pensamos confiados que nuestros sistemas democráticos y las libertades y derechos que disfrutamos actualmente son un enorme paraguas que nos protege incluso de las locuras de los gobernantes que votamos, pero la historia nos recuerda que el propio Hitler fue elegido por su pueblo. Si, tenemos leyes, constituciones y múltiples tratados y convenios internacionales de todo tipo, pero ¿quien protege a los pueblos de sus propios gobernantes?

Porque hoy volvemos a los mismos pecados, a la misma ceguera colectiva, a dejarnos seducir por palabras vacías y promesas envenenadas cuyo único propósito es regalarle los oídos a la gente. Inútiles parecen todas esas vidas entregadas en este último siglo en pro de la libertad de los pueblos, como irreparables son las millones de muertes causadas en esos años por los genocidas. Y como somos tan simples pensamos que esos bastardos asesinos de masas eran unos locos, unos depravados sin escrúpulos o unos fanáticos; nos cuesta entender que los verdaderos causantes de todos esos crímenes fueron sus ideas vomitivas y el apoyo que estas encontraron en las sociedades que los respaldaron.

Ideas y apoyos que hoy vemos cada día en todos los informativos.

¿Es que estamos condenados como Sísifo a cargar una y otra vez con la misma piedra ladera arriba para volver a caer irremediablemente? ¿O será que hoy sabemos tanto de todo que en realidad no hemos aprendido nada?

No lo sé. No creo que nadie lo sepa. Lo único cierto es que los últimos cien años han sido determinantes para el avance de la ciencia, la tecnología, la medicina, la cultura y las artes, pero para el hombre han sido cien años perdidos.

 

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11 comentarios en “Cien años perdidos.

  1. Un siglo después de tanta trinchera en la “guerra que acabaría con todas las guerras” y que fue un preludio lejano de otro conflicto todavía peor. Cierto que la civilización en una serie de niveles, sobre todo el tecnológico y científico, ha avanzado mucho, incluso vertiginosamente, pero en lo que se refiere a la ética, a una empatía puesta en práctica, a un comportamiento más justo y humano (por muy paradójico que resulte), aún queda mucho que hacer. No soy totalmente negativo, y de las cenizas de la IIGM surgieron cimientos que consiguieron hacer avanzarnos mucho como sociedad (otra cosa es si a todo el mundo o solo al hemisferio occidental), pero, insisto, el camino que queda por delante aún es inmensamente largo.

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  2. Creo que las personas, o los pueblos se les olvidan las cosas, es como un estado de desmemorización colectiva, he visto a un pueblo o varios, cometer los mismos errores una y otra vez como si no conocieran su historia, como si no tuvieran conocimientos básicos de sus memorias ancestrales, excelente ensayo poeta, auguro porque pueda seguir leyendo críticas como esta.

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  3. Yo me pongo de los nervios si veo el telediario. No entiendo nada, de verdad. Trump es uno de los más llamativos pero empiezan a salir como churros en Fallas, en cada esquina. Y da miedo. Miedo pensar que somos el mismo pueblo los que votamos. Miedo contemplar que esas ideas/locuras de hace 100 años parecen estar de modo. Y lo peor es que parece ser que tienen mucho calado entre la juventud. La intolerancia, el racismo, el machismo…vamos para atrás. Lo que más miedo me da es el no entender el porqué de esta situación.

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  4. Creo que planteas una cosa que es clave en estos momentos: “¿quién protege a los pueblos de sus propios gobernantes?” ¿Quién o qué nos protege? Somos raros encerrados en una jaula de una laboratorio científico, mucho me temo que nuestros governantes no quieren hacernos nada bueno…
    En fin, como dices, en los últimos 100 años parece que la humanidad no ha aprendido nada.

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  5. Volvemos a caer en los mismos errores porque una mayoría se interpone entre los que están en la cúspide y los que estámos en el umbral de pobreza o en el primer peldaño de esa maldita escala social que tanto beneficia y perjudica a los que están ubicados en los extremos.

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