La desinspiración.

Admitidme el palabro: no se me ocurre otro término para hablar de lo contrario a la inspiración que no sea la expiración, y lo encuentro demasiado lúgubre.

Hablamos normalmente de la inspiración como un influjo creativo, como una musa que nos susurra o como una idea que llega y actúa como un resorte. Como algo externo, al fin y al cabo. 

Para mí es solo un estado de ánimo.

Un estado que debería ser el habitual. He leído que lo llaman plenitud de facultades. Si, he leído algún manual de psicología para torpes.

Según estos manuales es un estado que uno mismo puede aprender a provocarse. Y yo así lo creo, y lo practico. De hecho, muchos lo hacemos: escoger un entorno adecuado, aislarse, poner música, relajarse… Hay mil pequeños caminos para bajarse del tren de las emociones cuando se sabe mirar alrededor. Yo tengo los míos, pero este texto no va de mi personal e indocumentada aplicación de la programación neuro lingüística al control de las emociones. No. Yo solo quiero quejarme.

Digamos que para mí el problema no es la inspiración, sino la desinspiración: esa llamada inoportuna, ese no saber interpretar que uno ha puesto cara de “no molesten”, el puñetero taladro del vecino que no tiene otro día para ponerse a colgar cuadros… En resumen, todas esas musas malignas de la vida cotidiana que nos roban sin piedad la concentración.

Con lo que cuesta a veces concentrarse.

Bueno, a mí no. Pertenezco a esa subespecie de los humanos a los que les hablas y no te oyen, pero no porque sean imbéciles, sino sólo porque están concentrados. Lo que hace que sea mucho más difícil desinspirarnos y por tanto nuestras desinspiraciones cuentan como susto o espasmo en la escala Richter.

¿Es mucho pedir que nos dejen un ratito en paz? Sobre todo cuando ese ratito se ha ganado a pulso y en realidad es el premio que uno mismo se concede por estar un buen puñado de horas entregado a todo tipo de obligaciones. 

Hay algo de injusto en todo esto. Yo me inspiro más rápido que un Ferrari: Me inspiro para atender el teléfono, para solucionar un problema, para ayudar con las tareas, para contestar un mail o hacer un informe, para echar una mano en la casa… para todas esas cosas que los demás quieren o esperan de mí.

Entonces, ¿por qué se empeña todo el universo en desinspirarme? ¿Cómo es posible que…

Vaya, tengo que dejarlo, una llamada.

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6 comentarios en “La desinspiración.

  1. En eso de concentrarse hasta no oír soy igualita que tú. Es como si estuviese en otra órbita, en un mundo paralelo. Creo que he conseguido perfeccionar la técnica hasta el punto de que podría desencadenarse un bombardeo y no enterarme hasta que los cascotes empezasen a importunar en el teclado.

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  2. Como ya han dicho, se te permite, se te permite 😀
    Yo pertenezco a otro grupo: el de gente que puede estar a varias cosas a la vez con varios niveles de atención. Es muy útil. Es como el multitarea de Windows 😀 😀 😀
    Mis compañeros de curro ya saben que tienen que tener cuidado con lo que dicen aunque esté mirando concentrado a la pantalla del ordenador y aporreando el teclado con mis expedientes… porque oigo perfectamente lo que hablan.
    Sin ir más lejos, estoy respondiéndote mientras canturreo Rhapsody of Fire, que suena en el reproductor… ¡Soy un mon-ntruo! 😀 😀 😀

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