Leyendo a Norman Rockwell.

Existen muchas maneras de contar una historia; escribir es sólo una de ellas. Algunas tienen mucho que ver con el arte y, en manos capacitadas, alcanzan la excelencia.

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Mirad bien esa primera imagen: Norman Rockwell nos está contando una historia. Un niño fugado, seguramente perdido, que es encontrado por un policía, quien lo lleva a una cafetería para darle algo de comer antes de devolverlo a su hogar. Ese triangulo de cabezas muestra una complicidad, una dosis de entendimiento que refleja el buen fin de la aventura, y mucho más… La sonrisa del camarero habla de su comprensión, de su simpatía con esta travesura, tal vez se ve a si mismo en el chaval (¿y quién no?). El policía está transmitiendo un mensaje con esa mirada, apenas vista de perfil: En ningún sitio como en casa.

Pero hay más, mucho más, en esa imagen. Rockwell no se conforma con mostrar imágenes estáticas, con pintar de forma magistral y con reflejar con precisión hasta el más mínimo detalle. No es solo un increíble observador de la realidad que traslada con pinceladas fotográficas a sus lienzos.

Rockwell es un maestro contando historias.

Y estas historias están plagadas de detalles. Todo tiene sentido, todo significa algo o invita a pensar en derivadas de la historia principal que domina el cuadro. Vuelvo a la imagen anterior: desde ese cordón desatado del niño a la colilla en las comisuras del camarero cumplen una función narrativa. A veces, incluso, estos detalles llegan a importar tanto o más que la trama principal.

Mirad la siguiente imagen. La clave es un pequeño detalle que le da sentido a todo: la pipa. El cuadro nos muestra con una ternura increíble como un niño, mirando donde no debía, y eso lo sabemos porque hay una pipa encima de ese mueble, acaba descubriendo el engaño en el que vivía. Ahí está la maestría en un relato: introducir un pequeño resorte que apenas se percibe pero que le da sentido a toda la trama.

La pipa representa la magia de esos misterios vedados a los niños, define el mueble prohibido donde no debe mirar porque allí terminan sus sueños infantiles. No imagino este cuadro sin este detalle, no sería lo mismo en absoluto. Esta pipa, que sí es una pipa y no la de Magritte, simboliza el fin de la inocencia.

Hay otro componente fundamental que sitúa al lector justamente donde quiere el autor: el momento. Es muy difícil jugar con el tiempo en una imagen estática; hay que ubicar al lector en el tiempo exacto de la historia para abrirle todas las posibilidades a su propia imaginación. Rockwell elige el momento de la sorpresa, cuando la comprensión del niño todavía no se ha transformado en rabia o en tristeza. Nos ofrece el asombro en estado puro. El cuadro, y la historia, serían radicalmente distintos si ese niño tuviera cara de disgusto o de indignación. La imagen refleja el instante preciso que ofrece más posibilidades dramáticas. Genial.

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¿Hablaba yo de ternura? La tenemos en grado infinito en el siguiente cuadro. Esa expresión reflejada en el espejo resume todas las inquietudes, expectativas y miedos de esa edad que está a caballo entre la niñez y la juventud. La muñeca abandonada, el peine, la revista o la barra de labios son un mensaje contundente que no precisa explicación. Pero ¿por qué esta apoyado el espejo en una silla?

Pues porque es un momento íntimo, secreto, improvisado, procurado a escondidas, y eso precisamente le añade una carga dramática fundamental a la historia: La niña se mira al espejo porque quiere ser como la chica de la revista. Ese pequeño deseo inconfesable es la metáfora fundamental del fin de la infancia.

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Rockwell no solo es capaz de escribir una historia con sus pinceles. Con frecuencia se abre a argumentos múltiples, a narraciones corales, incluyendo una multitud de historias distintas en uno solo de sus cuadros. Mirad bien esta imagen:

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¿Cual es la trama principal? ¿Es el perro que obstaculiza la calle y tiene parado a ese camión? Seguramente. O tal vez no. En ese cuadro hay, al menos, tantas historias como personajes. Trataré de explicarme: En un cuadro como la Rendición de Breda hay igualmente una multitud de personajes, pero todos están subordinados al momento, todos está allí porque son parte necesaria, porque forman parte de la historia. Pero en este cuadro no. El chaval que va a clase de violín con su abuela sobreprotectora no es necesario para la trama, tiene su propia historia, simplemente pasaba por allí. Como el pintor que se asoma a la ventana atraído por el bullicio, acompañado de la modelo que posaba desnuda para él, aunque puede que no para sus pinceles porque los lienzos que hay en su ventana… en fín… Ah, tenemos a un limpiacristales y a la profesora de violín, mirando ¿al perro o a su alumno que se retrasa?

Y tenemos sobre todo un conflicto que sugiere una trama con muchas posibilidades: el conductor del camión contempla enojado como su compañero, francamente divertido con la situación, se limita a llamar al pobre animal como si no importara el tiempo, como si esa mercancía que hay que entregar a tiempo en realidad pudiera esperar. Dos compañeros, juntos durante muchas horas cada día, con visiones muy distintas del trabajo y de la propia vida.

Podría seguir. Podría estar horas hablando de este cuadro, imaginando historias de sus personajes, intentando comprender cada detalle. Todo tiene sentido, todo está porque tiene que estar.

La visión general de la obra de Rockwell muestra un panorama tremendamente rico de la sociedad en aquellos tiempos. Rockwell no es solo pintor y escritor, es sociólogo e historiador. Y tiene una enorme sensibilidad con la que consigue llegar al alma en cada una de sus obras.

Mirad este cuadro a continuación. ¿Por qué se ríe la niña?

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No es normal: acaba de terminar una pelea, y tiene pinta de haber sido dura. Le espera un futuro nada prometedor en el despacho del director. Pocas ganas de reír puede tener, salvo que… ¡haya ganado la pelea!

Ahora, démosle unas vueltas a la imaginación: ¿la tirita de la rodilla es consecuencia también de la pelea o estaba ahí antes? Porque delataría un espíritu, digamos, travieso. Algo que reafirman esos cordones desatados. Sin embargo va de uniforme, es una niña bien, aunque la postura de las piernas diga lo contrario… Os dejo el resto.

Estas imágenes son un magnífico trampolín para la imaginación, y un ejemplo excepcional para quienes pretendemos aprender a contar historias.

Pero no quiero dar la sensación de que admiro a Rockwell sólo por su capacidad narrativa: Es sin lugar a dudas un pintor excepcional, y para juzgar esto yo tengo un criterio algo peculiar: vamos a ver cómo dibuja:

Norman Rockwell Pencil Drawings Bob Hope The Rockwell Center For American Visual Studies

He escogido este retrato de Bob Hope de entre los muchos que hizo Rockwell por algo que me llamó mucho la atención. La mano del artista se puede apreciar en el perfil, los contornos, las siluetas… pero ¡fijaos en el pelo! No son en realidad más que unos pocos trazos, pero parece que hubiera dibujado cada pelo, uno por uno. Eso es una genialidad.

Para terminar este paseo por la obra de Norman Rockwell no se me ocurre nada mejor que hacerlo con una imagen del propio artista, este triple autorretrato donde se muestra a si mismo en el lienzo como lo veía la gente (fijaos en los autorretratos que tiene adheridos a ese lienzo), en el espejo vemos al artista preciso y meticuloso,  y de espaldas tenemos a la persona.

 

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Muchas gracias por acompañarme en este pequeño paseo. Os recomiendo que profundicéis en la obra de Rockwell: es un excelente curso de narrativa y, desde luego, un auténtico placer para los amantes del arte.

Editado con fecha 27/2/2017:

He incluido un nuevo cuadro como imagen destacada de la entrada, sólo para que apareciera mejor en el blog. Y esa imagen aporta un nuevo matiz narrativo: el punto de vista. No es fácil de ver: entre el niño y el viejo relojero hay un cristal. El punto de vista está exactamente en el plano de ese cristal, que solo se ve de canto y se reduce a una linea más que podría ser cualquier cosa. Pero hay que fijarse en el niño: la postura de sus dedos y la posición de la frente nos anuncian claramente ese cristal a través del cual contempla el delicado trabajo del anciano.

El cuadro en sí es de una calidad increíble: la luz, el tratamiento de los detalles, la textura del jersey del niño, y sobre todo la fidelidad con que están pintadas las manos y el rostro del relojero. Esta precisión es intencionada; fijaos como el niño, estando a la misma distancia visual, no está tratado con tanto detalle… esa meticulosidad tiene mucho que ver con el propio trabajo del relojero.

Pero me interesa el punto de vista, que es visual y también narrativo, y nos sitúa en el mismo centro de la acción, en tierra de nadie, en ese lugar donde el espectador puede decantarse igualmente por uno u otro protagonista, y puede ver la escena con ojos inocentes, como el niño, o con la visión milimétrica, paciente y experta del anciano.

No hay interacción entre los personajes más allá de la que uno quiera imaginar, de la biografía que uno quiera inventarle a cada uno. Pero la más mínima desviación en el ángulo de visión nos situaría en uno u otro lado, y daría por tanto más peso a uno u otro personaje. El lugar geométrico donde nos sitúa Rockwell, en el mismísimo centro de la escena, es la justa medida de las cosas, la elección perfecta.

 

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20 comentarios en “Leyendo a Norman Rockwell.

  1. Me encanta Rockwell, esa visión hermosa, colorida y amable de la América más feliz y optimista, esa sociedad congelada en una eterna burbuja de felicidad de consumo tan “naif” plasmada con elegancia… y que esconde unos puntitos de crítica sonriente.

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  2. Gracias, Israel, me ha parecido una entrada excepcional. Los cuadros, una delicia y tu interpretación de ellos, otra. He estado mirando algunas obras más de este autor y me han fascinado, tienes razón cuando dices que cuentan historias sin decir ni una palabra.
    Un abrazo.

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  3. Buenos días estimado Israel, ha sido y sigue siendo una clase leerte con atención, descubrir además la diferencia entre tomar una foto y hacer una, es evidente aunque no siempre visible la calidad narrativa de este señor. Gracias por la profundidad de tu entrada y por la coma, yo me comería esa coma y punto.

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    1. Muchas gracias, creo que todos tenemos que beber de muy diversas fuentes; el arte no se puede empaquetar o dividir en compartimentos. Al contrario, las distintas formas de expresión muchas veces se solapan y toman cosas unas de otras.

      De la misma forma que ayer animaba a tomar personajes de la realidad cotidiana, hoy me atrevo a sugerir que leamos cuadros. Tampoco estaría mal ver música o pintar poesías o novelas, ¿por qué no? Tiene mucho que ver con las imágenes con que acompañas a veces tus hermosos poemas, pero creándolas uno mismo, tratando de ver lo que se está pintando con esas palabras.

      En el fondo solo se trata de pensar un poco fuera de la caja, de ejercitar ese fantástico músculo que es la imaginación. Hay que buscar nuevas formas, estar muy pendiente de lo que pasa alrededor, aprender de los grandes y los pequeños pero también combinar elementos que existen, inventar nuevas mezclas, arriesgarse… ¡crear!

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  4. ¡Vaya por Dios! ¿Entonces no puedo ser escritor? ¿Ni siquiera un poquito, como para redactar prospectos de medicamentos y eso? ¿ni guiones para sellos de correos? ¡Pues qué fastidio!

    En fin ¡Menos mal que no había dejado el trabajo!

    En serio, gracias amigo Fran por hacer que me coma esa coma, ya está solucionado. Tengo que corregir estas carencias con la puntuación y las tildes; me viene bien ese enlace, tendré que sacar tiempo…

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      1. Pues haces mal en sentir esa culpa. Yo siento un profundo agradecimiento por quienes me han enseñado algo en esta vida, empezando por mis padres, todos los profesores que he tenido, los amigos que supieron decirme cuatro verdades a tiempo y, en general, todos los que me ayudáis a ver mis fallos y me enseñáis cosas que no sabía, o que necesitaba que me recordaran.
        ¿Culpa? Al contrario, una gran satisfacción.
        Eso sí, no todo el mundo se toma las críticas como yo. Cuídate de eso, amigo.

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        1. Afortunadamente para mí, estoy por encima de las reacciones de quienes malinterpretan la verdadera intención, quiero decir, que no lo tomo como algo personal, ya que, al fin y al cabo, ante personas cabales y/o imparciles es evidente que el perjuicio revierte sobre quienes se empeñan en hacer ver a terceros que soy un mal vicho, solo por el hecho de no distinguir las diferencias entre una ayuda y un ataque personal. En fin, allá ellos/as.

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  5. Interesante, instructiva y enriquecedora forma de comenzar el día; pese a ello, hacerte saber que, al llegar a la mitad del sexto párrafo, he recibido un lacerante latigazo en mis ojos al observar algo tan errado como decepcionante, puesto que, si hacemos caso del mensaje implícito en la frase “… Todo tiene sentido, todo está porque tiene que estar (…)”. Te aparta y mucho de ser una persona capacitada para escribir siguiendo las directirces que todo escritor que se precie ha de cumplir a pies juntillas. ¡Qué, ¿a santo de qué viene esto?! Pues a que no tiene sentido que hayas mal ubicado una coma detrás del pero que antecede a “¿por qué esta apoyado el espejo en una silla?”, cuando, según las normas, deberías haberla puesto precediendo al “salvo” que aparece en el primer párrafo que sigue a la imagen de la niña que rie. Ya que, según la obra académica _La Ortografía de la lengua española_ (2010), es aconsejable colocar coma antes de pero, incluso, excepto, salvo, aunque, mas, sino, conque, así que, como (cuando introduce un ejemplo), ya que, puesto que, dado que. Ejemplo: Pienso que es bueno asistir, pero no quiero ir. Y, aclarado esto, si dispones de un minuto, me gustaría que le echases un vistazo al siguiente enlace: http://www.fundeu.es/recomendacion/pero-con-coma-usos-apropiados/

    ¡Feliz domingo para ti y los tuyos!

    Saludos

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