Un poco de arte para los primeros auxilios.

Me quedé ayer con las ganas de mostraros algo más de mi pequeño y especial botiquín. Sabed que no creo en supercherías, pero sí en el poder curativo del arte. La música, la literatura o la pintura pueden actuar sobre nosotros provocando cambios en nuestros estados de ánimo; y yo soy de los que piensan que todo está en la cabeza.

Si utilizara la palabra somatizar es posible que me tuvierais por un magufo al uso; tan solo me limito a decir, desde mi experiencia, que uso mis pequeñas maravillas para provocarme cambios tales como relajarme, concentrarme, ponerme las pilas, aparcar el estrés, recuperar el optimismo, provocarme un oportuno desahogo o conciliar mejor el sueño.

Por ejemplo, esta canción de Van Morrison es para mí un magnífico quitapenas; sólo con escucharla se viene uno arriba, recupera la ilusión y, si el tiempo lo permite, hasta la alegría. Hazme un favor: dale al play y sigue leyendo. Esta música te puede predisponer más favorablemente para el rollo que viene a continuación.

 

 

Es toda una inyección de optimismo en vena, ¿verdad? Pero puede ocurrir lo contrario: que necesite una pequeña catarsis. Porque es conveniente derramar unas lágrimas de vez en cuando: se lavan los ojos, y a veces las ideas. Mi recurso fundamental para este caso es “El conde de Montecristo”. Realmente para esto valdría cualquier película disney, o las comedias románticas al uso, esas que basan su tirón comercial en incluir en el título las palabras “boda”, “novia” y similares. Pero para mí no hay escena más conmovedora que el capitulo 7 de la segunda parte del libro de Dumas. Y cuando no tengo mucho tiempo para aplicarme esta terapia cualquier nocturno de Chopin me hace el apaño.

Para concentrarme soy de gustos corrientes: me valen Pink Floyd o Mike Oldfield, por ejemplo. Es una fijación que proviene de mis días de estudiante. Mejor dicho, de mis noches de estudiante, porque los días se me fueron sin darme cuenta en las cafeterías de las facultades o corriendo detrás de alguna falda. Según los días, a veces escojo clásica para poder centrarme en una tarea, normalmente Dvorak, Rachmaninov si la cosa se pone seria o, cuando el trabajo se anuncia extenso y prolijo, las nueve sinfonías desfilando una tras otra, a ver quien termina antes, si Beethoven o yo.

Para activarme nada como AC/DC. La melancolía me la provoco con Los Fronterizos, o con Sosa o Chabuca Granda y no se explicar muy bien porqué, o si que lo sé y no quiero contarlo. Si quiero despertarme rápidamente la Radetzky, salvo que medie resaca. Y para cabrearme nada como las noticias de la radio.

Dormir no es un problema si tienes a Platón cerca. Dios, ¡que grandes noches le debo a La República! Pero si se trata de soñar, es decir, de aparcar los problemas del día y llevarme a la almohada ideas originales que catalicen sueños interesantes, entonces tengo una lista interminable de buenos amigos en Asimov,  Orson Scott Card, Heinlein, Philip K. Dick, Lem, Verne…

¿Conducir? No es problema: clásica en los atascos, ochentera de la buena en las autovías (Bowie, Dire Straits, Police y compañia)… vaya, en esto voy más equipado que Nicholson en “Mejor Imposible”, con su artillería musical pensada para cualquier eventualidad.

Para estimular la creatividad me rodeo de reproducciones de Escher; nunca me canso de mirarlas, ni de tratar de comprenderlas. Para sentir lo pequeño que soy tengo también por aquí láminas de Norman Rockwell, me hacen volver a creer en muchas cosas.

Y muy en el fondo de ese botiquín, solo para usar en casos extremos, tengo fotos de mi familia, pues sé que funcionan cuando falla todo lo demás.

Ya ves, esto es, entre otras muchas cosas, lo que guardo en mi botiquín en vez de los consabidos ansiolíticos, paracetamoles y antidepresivos. No es más que una pequeña colección de recursos que dosifico a voluntad y que tienen una gran ventaja sobre los brebajes de las farmacias: Puedo experimentar con ellos sin ningún temor a los efectos secundarios.

 

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8 comentarios en “Un poco de arte para los primeros auxilios.

  1. Vaya lista de todo 🙂
    El arte, en todas sus manifestaciones y expresiones, es algo que siempre me ha llenado, desde pequeñito. Gracias al arte, sigo teniendo fe en la humanidad y su capacidad de hacer grandes cosas (aunque algunas obras de arte sean… en fin…)

    Le gusta a 1 persona

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