Algo natural

¿Habéis reparado alguna vez en cómo movemos los brazos adelante y atrás al caminar? Es algo tan natural que no le concedemos importancia.

Hoy iba caminando por una calle céntrica y me estado fijando en la gente que paseaba por allí: todos braceamos como esquiadores. Probé a no hacerlo. Durante un tiempo mantuve los brazos rígidos y perpendiculares al suelo, pero me costó algo de trabajo y al cabo de unos pasos los brazos volvieron por sí solos a hacer el péndulo como locos.

Y cómo yo venía de hablar con un amigo escritor, inspirado por esta absurda triviliadad no he podido evitar entregarme a absurdas divagaciones. Mover los brazos al andar es natural, como lo es cerrar los ojos al estornudar (¡prueba a no hacerlo si eres valiente!) o como es natural hablar.

¿Habéis notado que no hablamos como escribimos? ¡Vaya pregunta tonta! Esta claro que sí: El vocabulario es otro, las frases escritas son más completas y elaboradas que las habladas, y luego están el acento, los modismos y sobre todo la comunicación no verbal: cuando escribimos no podemos sonreirle al lector, guiñarle un ojo o gesticular para completar o sustituir palabras o frases completas.

Es interesante comparar estas dos formas de expresión, hablar y escribir. Si hablar es algo tremendamente natural, escribir es mucho más complejo, tan complicado como tratar de caminar sin mover los brazos.

¿Cómo conseguir entonces naturalidad al escribir? Esta es la pregunta a la que quería llegar con los párrafos anteriores. Cuando empecé a escribir yo tenía esa misma sensación que describía más atrás. Me sentía como un robot, privado de toda naturalidad, encorsetado, esforzándome continuamente por traducir lo que paría mi mente a frases con cierto, digamos, estilo. Vaya, todos hemos sido pretenciosos alguna vez, ¿no?

Después empecé a caminar con las manos metidas en los bolsillos, esto es, a buscar atajos para expresarme sin molestarme en volver a la teoría, en recordar las clases de literatura o en aprender de los grandes. Porque se puede leer un libro sin enterarte de nada en realidad. Es decir, te puedes quedar simplemente en el relato, dejarte llevar por la historia que te cuentan y disfrutar del libro. Con eso ya has amortizado el dinero que pagaste por el libro. Todos contentos.

Pero también te puedes tomar la molestia de analizar lo que lees, preguntarte por qué el escritor utiliza tal palabra o tal recurso, cómo hilvanó esa trama tan compleja o cómo consiguió que te introdujeras en el relato y tomaras partido por uno de los protagonistas, y así introducirte un poco en su proceso creativo. Esto, con un fundamento de teoría, ya empieza a llamarse aprendizaje.

Ese puede ser un camino sin fin, pero el paso significativo, el logro de caminar con los brazos rectos con toda naturalidad, nace en realidad del ejercicio. De escribir tanto que al final se convierte en algo natural.

Y en esas estamos. De hecho, este texto es solo un paseo más. Gracias por leerlo, espero que te haya servido de algo. A mi ya ves que sí: con cada intento soy un poquito más natural.

 

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7 comentarios en “Algo natural

  1. La comunicación no verbal es riquísima, mucho más de lo que pensamos, y está llena de matices que dan a la conversación presencial una profundidad que la escritura no puede alcanzar. La riqueza de la palabra escrita va por otro camino (y varios milenios de perfeccionamiento de su técnica la han hecho una herramienta valiosísima y de alto valor estético, lo cual no está nada mal si se piensa que, en origen, se utilizaba para contar y asegurar las propiedades agropecuarias, vaya coñazo) y el intentar acercar la naturalidad de una conversación es un ejercicio no solo difícil para el escritor, sino también confuso para el lector. Ambos, escritor y lector, saben que las reglas son otras y las asumen. Incluso en la dramaturgia (y su heredero el cine), los diálogos son artificiales, y cuando se producen frases en las que los personajes se pisan (algo muy normal en una discusión, por ejemplo), el espectador no sabe qué está diciendo nadie de los que habla.
    ¡Ah! Y todo el mundo sabe que si estornudas con los ojos abiertos los globos oculares se caen al suelo. Mejor no hacerlo.

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  2. El hecho de mover los brazos al caminar responde a un instinto natural del cuerpo por mantener el equilibrio, hay que optar por esa opción, la naturalidad, bajo mi punto de vista. Un texto demasiado farragoso cansa y además corres el riesgo de no enterarte siquiera de lo que estás leyendo.

    En cuanto a la comunicación verbal, indudablemente supera a la escrita. Incluso cuando no podemos ver los gestos inevitables que articulamos. Pero vivimos en un mundo donde enviar un whatsapp es mucho más cómodo que llamar a una persona, aun sabiendo que con la llamada terminarías antes y te expresarías mejor. Es lo que nos toca…

    Por cierto, recibiste el mail que te envié ayer? A falta de poder optar por la comunicación verbal… bienvenidos los correos!

    😘 😘😘😘

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  3. Me ha encantado tu reflexión! Y además, opinó igual que tú en el tema de la comunicación oral y escrita. No son lo mismo en absoluto. El peso de la comunicación no vrrbal es muy grande en una conversación cara a cara. Y se pierde casi totalmente cuando estamos escribiendo. Es una lástima. Pero qué le vamos a hacer. Unas letras escritas en una pantalla, nunca superarán una conversación en persona. Un saludo.

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