A un paso del cielo. (caps 1 a 4, reescrito)

 

So pena de ser reiterativo vuelvo a publicar los cuatro primeros capítulos de esta historia, agrupados en una sola entrada, una vez que han sido convenientemente corregidos y reescritos. Cuando los publiqué por separado pedí por favor que me ayudarais a mejorarlos con vuestras criticas y opiniones. Me alegro mucho de haberlo hecho, y os agradezco el esfuerzo. Como podréis leer ahora, he tenido en cuenta todos vuestros acertadísimos comentarios y creo que el texto ha mejorado notablemente, modestia aparte.

En realidad el mérito es vuestro, os he presentado unos ejercicios y me habéis ayudado con los fallos; por tanto era mi obligación corregirlos, como muestra de respeto y como agradecimiento a vuestra ayuda.

Podéis volver a criticarlo, por supuesto que sí, pero tampoco se trata de entrar en una espiral de mejora cuando lo interesante sería dedicar ese tiempo a avanzar más escribiendo el relato… Bueno, lo de relato se empieza a quedar corto, porque esto pasa ya de las 4600 palabras y haciendo un cálculo de lo que quedaría por escribir, en total se iría a mas de 50.000 palabras. Eso empieza a ser una novela. ¿Seré capaz de terminarla? Ahora mismo lo veo complicado, pero todo es proponérselo…

 

A un paso del cielo.

1.

Un intenso aroma a problemas terminó de despertarme cuando ya me iba acercando al Centro Espacial Kennedy. Demasiadas ventanas con luz a esas horas de la noche. Demasiados coches oficiales por todas partes. Demasiado celo en el control de acceso. Después de aparcar e identificarme en la entrada del recinto me encontré con un segundo e inesperado control en la puerta del edificio del Centro de Mando. Unos sujetos de impecable chaqueta negra se dedicaban a registrar a fondo a todos los que íbamos llegando a cuentagotas. Uno de ellos me pidió mi identificación y me la leyó mecánicamente.

-Elaine Walters, psicóloga, centro de mando de la ISS, sección E3, nivel de seguridad 2. Tiene que dejar en esta bandeja todos los dispositivos electrónicos.

Me habían sacado de la cama para venir urgentemente al centro sin explicarme el motivo siquiera. Necesitaba un café y no estaba para muchas tonterias. Vacié el bolso para que el mismo se sirviera.

-Tiene que dejar también su teléfono móvil.

-Mire bien, tiene que estar ahí.

-No. Aquí no hay ningún móvil.

Vaya. ¿Había vuelto a perderlo? Siempre lo llevaba en el bolso pero allí no estaba. Dios, como necesitaba ese café.

-Miré, me lo habré dejado en casa. Me acaban de joder las pocas horas de sueño que tengo y es un milagro que no me haya presentado aquí en camisón.

-Lo siento, todos cumplimos órdenes. Pase por el detector y recoja sus cosas, por favor.

Finalmente pude llegar a mi mesa en Control de Misión. Allí me esperaba otro armario con corbata negra, traje gris y cara beige a juego. Problemas. Tras enseñarme su placa para ahorrarse explicaciones me llevó prácticamente a rastras a una de las salas de reuniones. Puede que el tipo fuera simpático en su tiempo libre, puede que llevara flores a su mujer en los aniversarios o que se tumbara en el suelo a jugar con sus hijos, pero aquella cara de mármol solo respondió con un escueto “órdenes de arriba” a mis continuas preguntas y mis protestas. El café tendría que esperar.

La sala estaba tranquila pero ruidosa, como una guardería después de comer: la mitad estaban dormidos y la otra mitad protestando. Estábamos prácticamente todos los del turno de día. Nadie parecía saber por qué nos habían hecho venir a todos a las cuatro de la mañana, pero definitivamente allí olía a problemas.

La entrada del agente Wells junto a otros tres federales creó el silencio y capturó todas las miradas. Su presencia era como una ducha de agua fría. Pelo rapado para burlarse de la alopecia, rasgos severos labrados en un rostro sin edad y un cuello tan rígido que raramente se dignaba a girarse, dejándole todo el trabajo a sus ojos de halcón. Tomó la palabra y tras presentarse brevemente diseccionó la situación con un escalpelo.

-El astronauta Darlians ha muerto. Oficialmente ha ocurrido un accidente mientras realizaba maniobras extravehiculares. Mis hombres y yo estamos a cargo de la investigación. Todos ustedes colaborarán en cuanto se les indique. Este asunto se ha declarado de alto secreto. Ninguno de ustedes hará comentarios o compartirá información sin autorización expresa. No pueden usar ningún tipo de comunicación con el exterior, ni entrar o salir del recinto sin autorización.

Hizo una breve pausa para asegurarse de que le habíamos entendido.

-Preparen de inmediato un registro de actividad de las últimas veinticuatro horas en sus respectivas áreas de responsabilidad. Y céntrense en lo importante, nada de tecnicismos. Ahora pueden dirigirse a sus puestos de trabajo.

No dijo nada más ni quiso responder a ninguna pregunta. Todos salimos de allí realmente impactados por la noticia y nos dispusimos a reunir fuerzas para hacer lo que se nos había ordenado. Era difícil no haberse encariñado con aquel chico después de tantos meses de trabajo, pero en aquel momento no había espacio para el estupor, las lágrimas o el duelo. Todo eso tendría que esperar. Eran órdenes de arriba.

Faltaban algunos minutos para que la Estación Espacial estuviera sobre el horizonte y tuviéramos comunicación directa. De momento los operadores de los radiotelescopios que hacían el seguimiento de la estación se estaban limitando a reenviar a ciegas la información que recibían. Esa información se distribuía desde aquí a los centros de todo el mundo que trabajaban con los distintos laboratorios y dispositivos de mantenimiento de la estación, pero ciertas órdenes ejecutivas habían establecido cortafuegos para evitar que se filtrara la noticia de que había muerto un astronauta en el espacio.

Mientras leía en mi monitor los registros de actividad médica para actualizar mis informes empezamos a recibir video del accidente en las pantallas centrales. Una oleada de lamentos, murmullos y sollozos acompañó las primeras imágenes. La escenas que mostraba el traslado del traje espacial que contenía los restos de Darlians, flotando en caída libre por los estrechos pasillos, provocó la catarsis de todo el equipo. Puestos en pié, en el más absoluto silencio, empezamos a asumir realmente la tragedia.

Una toma más cercana mostró con claridad el casco espacial abierto y con los cierres destrozados, causa segura de una muerte rápida por anoxia, descompresión y congelación. Una muerte rápida pero horrible.

Reaccionamos. Éramos todos profesionales y nos refugiamos en nuestras distintas especialidades. Hicimos comentarios de todo tipo especulando sobre las causas del accidente, como un golpe fortuito o el fallo de alguna herramienta, aunque la conjetura que parecía tener más éxito, aún siendo la más improbable, era el impacto de un fragmento de basura espacial. El mas pequeño e inofensivo resto de un panel solar se podía convertir en un proyectil mortífero cuando impactaba a 30.000 kilometros hora. Pero a muchos nos quedo la sensación de que ese cierre se había forzado intencionadamente para abrir el casco, aunque nadie se atrevió a decirlo en voz alta.

Volví a mi mesa y traté de volver a mis informes cuando me sobresaltó un ruído en el cajón de mi mesa. Menos mal, ¡allí estaba el puñetero móvil! Me lo había vuelto a dejar olvidado en el trabajo. Lo puse de inmediato en silencio para que no me fueran a descubrir los federales que paseaban incesantemente entre las mesas como perros ovejeros. Seguramente era un mensaje de Phil, no podía ser otra cosa a esas horas. Tenía que leerlo. Tenía que hablar con él. Decidí jugármela y abrir el whatsapp sin sacar el móvil del cajón para que no me vieran. Estaba nerviosa. Se me da muy mal disimular.

Avísame cuando leas esto. Estas en el centro?

Estoy en el centro. Estamos todos. Estas bien?

  Claude está muerto.

 Lo sé, es horrible. Como ha sido?

  Fuera, se le abrió el casco.  De repente ha gritado y hemos perdido la comunicación. No hemos podido hacer nada.

 Esto está lleno de federales

  q?

 Espera. Luego hablamos. Ten cuidado.

 

Solté rápidamente el móvil y cerré el cajón con disimulo porque vi que venía hacia mi mesa otro de los tipos de negro. Vaya. Otra reunión.

Esta vez estaba yo sola con Haynes, el ayudante de Wells. Me preguntó por el estado de todos los tripulantes en las horas y días previos, sobre todo de Claude. Le informé de las diversas patologías que habían experimentado últimamente: nada más allá de las secuelas lógicas del aislamiento prolongado. Pero al cabo de unas cuantas preguntas rutinarias Haynes se centró en rastrear pautas que pudieran justificar un posible suicidio, pero con sutileza, sin llegar a mencionarlo nunca.

-Perdone agente, pero estamos hablando de un accidente, ¿verdad?

-Oficialmente, si. Control de daños, ya sabe. Pero los técnicos no nos dicen nada definitivo y no tenemos audio ni video del momento del incidente. Si hubiera indicios de algo extraño tendríamos que verificarlo antes de que los medios puedan encontrar carnaza en el asunto.

-Profesionalmente dudo muchísimo que Claude Darlians tuviera motivos para quitarse la vida. Y personalmente estoy segura de que no lo hizo.

-No debemos descartar ninguna opción. Piense que hay cinco personas allá arriba y que una de ellas ya no esta en condiciones de matar a nadie.

-Oiga ¿no estará pensando usted…?

-Doctora, nos pagan por pensar en ese tipo de cosas. No descartamos ninguna hipótesis, y no tenemos pruebas ni testigos de lo que ha ocurrido. Prepare por favor un informe completo y perfiles psicológicos de los cuatro tripulantes.

-Desde luego. Aquí tiene las evaluaciones rutinarias y el seguimiento, pero ahora tendré que revisarlos desde… desde esa nueva perspectiva.

Si, yo había visto el cierre del casco destrozado, pero no podía creer que fuera no se tratara de un accidente. Aquel agente estaba paranoico. O buscaba un ascenso. O puede que ambas cosas. Era imposible que cualquiera de aquellos cuatro chicos que estaban en la cumbre de sus carreras, en el lugar donde habían soñado estar todas sus vidas, pudiera llegar a tirarlo todo por la borda cometiendo una locura.

En cuanto al suicidio, Claude era joven, sano y alegre, disfrutando de los mejores momentos de su vida. Era imposible que quisiera suicidarse. Y en cualquier caso nadie querría darse a sí mismo una muerte tan horrible; puestos a quitarse la vida seguramente habría encontrado mil formas menos dolorosas.

Y con respecto al asesinato lo veía aún más imposible. Los conocía a todos muy bien. Llevaba meses o años tratando con ellos; eran jóvenes y experimentados. Todos habían pasado un complejo proceso de selección y entrenamiento en el que se habría manifestado cualquier tendencia destructiva o remotamente homicida en alguna de la infinidad de pruebas a las que los habíamos sometido.

Imposible. Había sido un accidente.

Terminada la reunión volví a mi mesa para completar esos informes, pero procuré estar atenta a los paneles de video de la sala y me puse a buscar información por mi cuenta en el ordenador, hasta donde me empujaba mi curiosidad y me permitía mi nivel de seguridad.

Yo estaba segura de que había sido un accidente, pero quería descartar todas las demás imposibilidades.

 

2.

Cuando era pequeña mi padre me dijo que a veces la luz brilla con tanta intensidad que impide contemplar la lámpara. Ante mi extrañeza, me explicó que en una mujer la belleza puede llegar a ocultar otras cualidades menos llamativas, pero mucho más importantes como son su inteligencia, su valía, su capacidad de trabajo o su honestidad.

Muchas veces hube de recordar aquellas palabras. La vida es un compromiso entre principios y circunstancias, y los años en el instituto y después el paso por la universidad fueron limando aquellos pilares que mi padre quiso implantar en mí. Me fuí convirtiendo en una figura en constante busca de equilibrio que no encontraba a su alrededor más que amistades superficiales y relaciones de conveniencia. Poco a poco fui montando una barrera a mi alrededor que crecía con cada desilusión y que solo unos pocos hombres consiguieron saltar, pero el rastro de lágrimas vacias que fueron dejando la hizo cada vez más alta.

Tan alta que al final solo la pudo superar un astronauta.

Todo empezó con comunicaciones rutinarias, las charlas y videoconferencias de rigor que mantiene una psicóloga con su paciente. No podía dejar de percibir las debilidades de Phil, su necesidad de tierra firme que tanto tenía que ver con la mía y su cálido humor que convertía la soledad del espacio en largos minutos divagando sobre lo divino y lo humano. De esa intimidad tan poco profesional surgió la confianza, y lo que empezó como amistad con el tiempo fué derivando a una secreta e intensa relación a distancia a través de mensajes de whatsapp, donde nos podíamos decir lo que de ninguna manera podía quedar grabado en los registros médicos de la misión.

Terminé esperando sus mensajes como una quinceañera y dando gracias por esos cuatrocientos kilómetros de atmósfera que nos separaban y protegían lo poco que iba quedando de mi maltrecha ética profesional.

Estoy jodido. Muy jodido.

 Cálmate.

 Acabamos de meterle en la bolsa.

 Lo he visto. Es muy duro. Lo siento.

  Y creo q nos van a interrogar.

 Si, tienen que investigar el accidente.

Tampoco se trataba de infundirle dudas a Phil ni de preocuparle con las hipótesis de los federales. Pero él lo estaba pasando mal, lo iba a pasar todavía peor y yo prácticamente no podía hacer nada.

No sabemos que hacer.

Aqui estamos igual. Esto no había pasado nunca.

Estamos todos un poco perdidos.

 Me avisan, vid-con, luego te cuento.

 Ok.

Los federales estaban monopolizando todos los canales de comunicación a su antojo. Nos dejaban abiertos algunos de video, imprescindibles para mantenimiento y operaciones, pero poco más. Temía que cortaran la conexión vía satélite que les permitía a los tripulantes usar sus smartphones para hablar con sus familias, pero de momento parecía que nadie les había hablado de esas comunicaciones… o tal vez si, y las habían intervenido.

Era posible que descubrieran nuestro pequeño secreto, aunque se suponía que el whatsapp estaba codificado. Era un riesgo que tenía que aceptar, el precio a pagar por mantener un puente entre Phil y el mundo real. Decidí usarlo lo mínimo posible, pero necesitaba saber qué había pasado. Necesitaba más información y no podía obtenerla con mi limitado nivel de acceso. Tenía que recurrir a otros medios y la persona era Bob Martins.

Para conseguir algo de Martins bastaba con tocar un botón. Era seguramente el ser más baboso y reprimido de toda aquella sala repleta de babosos y reprimidos, una manada de cerebritos que se pasaba el tiempo compensando complejos solo porque que habían sido maltratados por algún desgraciado del equipo de rugby del instituto. Pero también era uno de los que mejor se llevaba con toda aquella tecnología. Seguramente tendría acceso a las grabaciones y a los registros de operaciones, o podría conseguirlo, y ahí estaba la llave para conseguir más información.

Toqué por tanto ese botón, el tercero de mi camisa, y mientras él exploraba descaradamente mi escote no me resultó muy complicado convencerle para que me ayudara.

-Elaine, ya han estado mirando todo esto los federales. En los vídeos no hay nada, ya sabes que hay muchas zonas oscuras en el exterior. Todo ocurre detrás del módulo Columbus y allí no tenemos cámaras. En las comunicaciones de audio únicamente tenemos registrado el grito de Claude, y creo que eso no querrás oirlo.

-Mira bien todas las comunicaciones, Bob. Todas. Tiene que haber algo.

Me miró a los ojos para variar, y resopló un par de veces.

-Vamos a ver. Voy a probar a poner en pantalla todos los canales junto con la información biomédica de Claude, hasta el momento en que su traje deja de emitir – solo tardó unos segundos en hacerlo; sus dedos prácticamente volaban sobre el teclado -. Ahí lo tienes. Biomédica en la pista de arriba, el resto de canales en esas líneas, y además te pongo audio en paralelo.

-Pon también los canales de operaciones y los de servicio.

-¿Pero qué buscas en realidad, Elaine?

-Tú, ponlos.

La pantalla se fue llenando de gráficas, lineas situadas unas debajo de otras que mostraban la actividad de infinidad de variables como un sismógrafo con decenas de agujas, desde los niveles internos de CO2 en la nave hasta la eliminación de residuos orgánicos. Tras mirar todas esas líneas y preguntarle por algunos datos concretos me fijé en que una ellas era totalmente plana, indicando una total falta de actividad.

-¿Qué es esa línea de abajo?

-¿Esa? Es Dextre, lo tenemos parado desde hace unos días por mantenimiento.

-Ah, bien. – No sabía que podía ser el tal Dextre, y tampoco había mucho más que observar. Había sido un error intentar algo que ya habrían trillado a fondo los sabuesos. Ya le iba a decir que lo dejara cuando de pronto comentó:

-Es curioso, mira, ¡tiene buenos reflejos tu amiguito!

-¿De que me estás hablando?

-Mira aquí, y aquí. Phil se movió al Columbus justo antes de que gritara Claude.

Estuve tentada de preguntarle acerca de eso de “mi amiguito”, pero solo hubiera acrecentado las sospechas que ya pudiera tener. Bob añadía a su larga lista de virtudes el hecho de actuar como una portera con las comunicaciones. Era seguro que se había estado entreteniendo en espiar, algo típico en una personalidad introvertida y acomplejada como la suya. Menos mal que no podía tener acceso a los móviles. Opté por dejarlo pasar para quitarle importancia.

-Es lógico, cuando se produce el accidente todos se van corriendo al módulo Columbus.

-Si, pero Phil sale antes, no después como los otros dos. Y va por zonas donde no hay cobertura de video. Aqui lo tienes. Coincide en el tiempo.

-Tampoco vemos a los demás, Bob.

-Pero no se mueven de sitio. Las escotillas lo delatarían.

-¿Qué lapso de tiempo hay desde que Phil desaparece del campo de visión hasta el grito de Claude?

-Minuto y medio.

-Ok. Gracias Bob y esto…

-Si, queda entre nosotros, Elaine. Pero me debes una.

Aquel guiño me costaría un desayuno en buena compañía. Traté de verlo en positivo: a lo mejor llenarle la boca a esa comadreja con un par de donuts servía para que tuviera menos ganas de morder.

 

3.

-Ustedes forman parte a partir de ahora de un grupo de trabajo.

Si, una reunión más, pero esta vez solo estábamos algunos técnicos, la cúpula directiva y los federales encabezados por Wells.

-La situación está tomando un cariz inesperado. Antes de proseguir les recuerdo que todo cuanto aquí se trate es información clasificada y que informamos directamente a la Casa Blanca. Empezaré diciéndoles lo que tenemos y después lo que no tenemos.

-Tenemos un sospechoso de asesinato. Tenemos la oportunidad de cometer un crimen pero no tenemos el móvil, ni medios ni pruebas. Tenemos un cadáver pero no podemos hacerle una autopsia siquiera. Tenemos a tres personas encerradas con un posible asesino y no tenemos manera de sacar de allí a ninguno de ellos. Tenemos la escena de un crimen pero no tenemos forma de ir allí. Tenemos una nave atiborrada de cámaras y dispositivos pero ninguno de ellos ha grabado nada que nos sea útil.

Hizo su acostumbrada pausa para comprobar cómo llevábamos la digestión de sus palabras.

-Y ahora les cuento lo que no tenemos. No tenemos policía, ni tenemos una cárcel, ni medios o personas que puedan llevar a cabo un arresto. No tenemos forma de evitar otro crimen. De hecho, no tenemos un crimen porque ni siquiera tenemos ley ahí arriba: Ahora mismo hay un montón de abogados rompiéndose la mollera solo para decidir a qué jurisdicción pertenece la estratosfera.

Nueva pausa, esta vez mucho más larga y retórica. Si, Wells se estaba gustando en el papel…

-Y sobre todo no tenemos tiempo. Dentro de unas pocas horas será imposible evitar que se airee todo este asunto. El hombre del tiempo ya ha predicho un huracán de conflictos diplomáticos, intereses encontrados y complicaciones legales que como poco se convertirá en una tormenta legal internacional.

Realmente se estaba gustando.

-Bien. ¿Qué necesito de ustedes? Creo que todos habrán visto Apolo XIII. En esa peli unos cuantos técnicos de Houston fueron capaces de arreglar desde aquí una jodida lata de sardinas que volvía de la luna y que iba a caer sin remedio matando a sus tripulantes. Esos hombres pasaron por encima de normas y procedimientos, asumieron riesgos, tomaron decisiones y trabajaron en equipo para encontrar una solución.

-Yo espero eso de ustedes. Me propongo demostrar que se ha cometido un crimen, y esa es precisamente nuestra especialidad. Pero después necesitaré hacer un arresto ahí arriba, y para eso hay que disponer de tres cosas: un policia, un arma y unas esposas. Y más tarde necesitaré una cárcel para encerrar al culpable hasta que lo podamos bajar a la tierra.

En ese momento estallaron las protestas de los técnicos, dando mil argumentos e ideas descabelladas.

-Olvídense de los putos barrotes. Sean creativos. Hay que mantener a un tipo controlado y aislado en esa estación espacial hasta que llegue la Soyuz. Si es necesario atarlo y meterle Valium por las orejas cada tres horas me da absolutamente igual, pero lo quiero aquí, vivo, y declarando ante un jurado dentro de dos meses.

-Y sobre todo necesito evitar un segundo crimen. Hay que mantener ocupados y totalmente aislados a esos cuatro astronautas. Los quiero controlados veinticuatro horas al día. Uno de ellos ya ha matado y podría volver a hacerlo. Cuando estemos seguro de cuál de ellos es actuaremos, pero de momento puede ser cualquiera y la prioridad es evitar más muertes.

Tuve que reconocer que Wells había sido bastante listo. En vez de seguir dando órdenes que se obedecerían con más o menos convicción había convertido aquello en un verdadero reto para los técnicos. Plantearles un problema complejo a aquellos cerebros era como soltar una cabra en la jaula de los leones. En la cafetería del centro no tenían periódicos porque eran capaces hasta de pelearse por hacer el sudoku.

Pero no era más que una cortina de humo. Decía que quería tener ocupados a los astronautas, pero en realidad a quien quería tener entretenido era a todos nosotros. Ya tenia decidido un sospechoso, y ahora sólo trataba de ganar tiempo y preparar convenientemente el espectáculo para que todo el mundo mantuviera su culo a salvo y no hubiera mucha cola en el reparto de medallas. Aquí había demasiados intereses, seguramente presiones de todo tipo, y alguien habría decidido que lo más conveniente era colgarle el muerto a alguien, cuanto antes, y echárselo de carnaza a los medios.

El problema es que ese alguien podía ser Phil, y que ese alguien, fuera Phil o no, podría ser en realidad inocente.

 

4.

Estan locos! Creen que he sido yo!.

como puedes decir eso???

Me han interrogado por video. Ni te imaginas q preguntas! como a un puto gangster!

son así de cabrones. tranquilo.

No, joder. me lo ha dicho. Que me estan observando. Que tienen pruebas de que yo lo he matado.

cuando dicen eso es porque no tienen nada, solo querían sacarte una confesion

Pero… ya.  joder! q hago?

querras decir que hacemos…

No, no te impliques. Te podria perjudicar

A la mierda. Estoy contigo en esto

Pero ten esto claro:

Si dicen que ha sido un asesinato, es que tienen algo

Tendremos que averiguar nosotros quien ha sido.

Ok. Gracias Ellie

me tienes que ayudar. busca.

necesito informacion. videos. todo lo que veas que pueda ser importante.

cualquier detalle.

hazlo con cuidado, pq te estan vigilando todo el tiempo

lo hare.

y escondete de las camaras para usar el movil. es lo unico que nos queda! 

siempre lo hago. tranquila.

ok

 

Si, los federales tenían algo, y no sabía si era lo que yo había descubierto con Bob o quizás alguna otra prueba que pudieran utilizar para incriminar a Phil. Si él era su sospechoso, y yo estaba segura de que lo era, tenía que encontrar algo que le exculpara, y para eso necesitaba ganar tiempo. Decidí hablar con el jefe de misión.

-Fred, ¿tienes un momento?

-Dime, Ellaine.

-No, aqui no.

-Espera… ya estoy , ¿quieres un café rapido?

Fred me preguntó que como lo llevaba, y le dije que mal, que en realidad muy mal, que no comprendía como toleraba que entraran los del FBI y se hicieran con el control de todo, que censuraran la información y se pusieran a dar ordenes como si fueramos todos una pandilla de gangsters protegiendo a uno de los suyos. Que en este país existía una cosa que se llamaba presunción de inocencia, que eramos todos científicos y que…

-¡Escuchame, Elaine! Ellos creen que ha sido Phil. Mientras parecía que había sido un accidente yo podía tratar de manejar la situación, pero si se confirma que ha sido un asesinato, y los federales parece que ya tienen hasta al culpable, no voy a poder hacer nada.

-Al menos oficialmente, Fred.

-¿Que quieres decir con eso?

-Que nosotros no hemos estado trabajando codo con codo durante años con un criminal, y tu lo sabes. Y que aquí solo se trata de hacer control de daños, como dicen ellos, y tapar el asunto cuanto antes con un culpable. Pero sea quien sea es uno de los nuestros y tenemos que protegerle.

-No… yo no puedo hacer nada, Ellaine.

-Si que puedes, Fred, sí que puedes. Pero si prefeieres seguir aferrado como un koala a tu maravilloso puesto de trabajo, deja al menos que yo lo intente.

-No, Elain, no voy a permitir que arruines tu carrera.

-Es mi carrera, Fred, y para mi vale menos que mi dignidad. Así que no trates de impedirme que haga lo que creo que es correcto.

-No lo haré. Pero si caes no podré mover un dedo.

-Sé levantarme sola. Un ultimo favor.

-Dime.

-Necesito ganar tiempo para esos chicos. Puedo (A) empezar a hablar con todos los compañeros para que hagamos una protesta y saboteemos por un tiempo esta investigación o (B) esperar a que milagrosamente ocurra un fallo de transmisión y perdamos la señal de los radiotelescopios por unos cuantos minutos.

-Estas loca. Eso es imposible. Lo tienen todo controlado. Pero, dime, ¿Por qué haces esto?

-Por todo lo que soy, por todo lo que creo y por lo que he podido aprender de gente como tú.

Los segundos pesaron como piedras sobre la conciencia de Fred. Pude notar su batalla interior, su lucha entre lo correcto y lo necesario. De repente golpeó el marco de la puerta con el puño cerrado y salió de la pequeña habitación arrastrando sus pasos. Cuando ya parecía que se iba, se volvió de repente y me dijo:

-Por cierto, Elaine, tenemos un aviso por alta actividad de manchas solares. Es posible que eso afecte a las comunicaciones durante, digamos, ¿media hora estaría bien?

-Fred, ¡eso sería una verdadera putada…!

De nuevo en mi mesa, le dí a Phil algunas instrucciones más. Tenía que pensar, y tenia que hacerlo rápido. Algo o alguien había forzado el cierre del casco del pobre Claude, esa era la clave de todo el asunto. Ya estaba claro que no había sido algo fortuito: las imágenes ampliadas que estábamos recibiendo ahora no dejaban espacio a ninguna duda. Había sido intencionado.

Pero ninguno de los cuatro habría tenido tiempo para ponerse un traje, salir por la cámara de descompresión, romper ese cierre y regresar… para eso se necesitaban mas de diez minutos. ¿Cómo había ocurrido entonces? ¿Habían saboteado el traje previamente? ¿Cómo se podía acceder al exterior desde un entorno completamente cerrado y estanco donde no podía entrar o salir la más mínima particula? ¿Existía alguna herramienta robotizada, algún mecanismo que se pudiera accionar a distancia y que se hubiera podido utilizar para cometer el crimen?Los del FBI tenían algo, seguro, tal vez un video, una imagen, algo que no querían mostrar y que nosotros teniamos que encontrar también.

Pero Wells no estaba seguro, o ya habría actuado. A lo mejor solo tenian un indicio, una prueba circunstancial. Puede que fuera el testimonio de alguno de los otros astronautas. O puede que no tuvieran nada y estuvieran forzando la máquina para que alguno se delatase. No nos quedaba otra que seguir dando palos de ciego Y tratar de encontrar lo que quiera que fuese que tenian los malditos federales.

Esperé con ansiedad a que se cayeran las comunicaciones. No tenía claro qué hacer, pero había que aprovechar ese tiempo en que no veríamos los movimientos del interior de la estación para que Phil pudiera moverse con libertad y tratara de buscar pruebas. Puede que en vez de eso encontrara al menos una forma de exculparse o quien sabe si a lo mejor descubrir cual de los otros dos lo había hecho…

Joder, si algo estaba ya claro es que ahí arriba había un asesino. Y al provocar el fallo en las comunicaciones tal vez estuviera creando las condiciones perfectas para que cometiera un nuevo crimen. ¡Qué estúpida! ¡Tenía que avisar a Phil! ¿Cómo no lo había pensado antes?

 

 

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8 comentarios en “A un paso del cielo. (caps 1 a 4, reescrito)

  1. Por fin lo he podido leer, que estaba esperando tener un rato para leerlo del tirón.
    El texto gana, como siempre que se repasa un diamante en bruto 🙂 Pero, por supuesto, has mantenido la intriga con esa estructuración en partes y esos cliffhanger que son esenciales en todo texto de misterio.
    Alguna anotación:
    “pero definitivamente allí olía a problemas”, justo antes de la entrada de Wells, me ha sonado repetitivo. Me gusta al principio, cuando haces el juego entre el café y los problemas, pero ahí…
    Algo que cuesta mucho detectar al reescribir son los adverbios; las palabras en -mente suelen producir “cacofonías mentales” (mira, mira lo que dice García Márquez) y si yo mismo era reticente a quitarlas, el texto se enriquece. En “realmente impactados”, date cuenta, en realidad, de la redundancia si lo miras bien. Un consejo que yo sigo es borrarlos sin compasión cuando el texto se entiende o sustituirlos. ¡Ojo! No me refiero a los -mente en diálogos, sino a lo escrito por el narrador. De verdad, queda mejor 😉
    Pie no lleva tilde (supongo que ha sido un gazapo, como cuando yo puse, para mi eterna vergüenza, “riveras” al estar pensando en “river”) 😛
    La presentación del romance está muchísimo mejor trabajada en este texto que en el borrador, o así me lo parece. También mejora mucho la protagonista, con muchas menos pinceladas físicas (más en lo emocional/vital) resulta más creíble que en la versión anterior.
    Y ahora, a seguir. Venga. Vamos. Va 🙂

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    1. Amen a todo. Estoy en ello, pero antes de seguir he decidido parar, reorganizar todas las tramas y volver a empezar. Como cuando mi madre estaba haciendo punto y la veía hacer y deshacer, hasta que ella decidía que estaba todo correcto y montaba todas las piezas.
      Pero esta experiencia ha servido de mucho: el texto y el estilo están mejor definidos, he aprendido gracias a vosotros, y he pasado mi propio examen de reválida:
      He decidido que merece la pena escribir esta historia, que os debo hacer algo bueno con ella y que si el resultado no me avergüenza mucho, se habrá de publicar.
      Pero ahora todo mi tiempo hace falta en textos solidarios, esta historia la iré madurando a ratos, de vez en cuando seguiré usando a Nippu como válvula de escape, y si sobran horas tratare de dormir un poco.

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  2. Interesante desde el principio y bastante cercano. No cuesta identificarse con Ellie, aunque no me acostumbro aun a su nombre, quizás fuese bueno repetirlo un poco más en el texto, quizás yo tengo tanto sueño que no me concentro lo suficiente.

    Engancha, que es muy importante. El ritmo ágil le va muy bien para sentir que se nos acaba el tiempo, a nosotros, a Ellie y a los que quedan arriba.

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  3. El principio ha tenido un cambio impresionante, humaniza el relato desde el principio sin perder un ápice del texto original. La prota menos estereotipada también es un punto a favor. Tienes el comienzo de una novela que promete y mucho! Adelante Israel!

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  4. Ha mejorado mucho el inicio con la presentación de la peota, no queda lugar a errores. La historia es jnteresante y da para mucho el tema, como tú dices, ya no se puede hablar de relato, sino de novela. Y po qué no ir a por ella? No te pongas fechas, ni nada, ves avanzando la historia cua do puedas y ya se verá… Yo también estoy con algo más largo, pero no lo publico porque no sé aun hacia dónde ir en la historia, pero en cambio tú tienes ya mucho. Buen trabajo. Un saludo.

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