La vida de los recuerdos.

Aquella vez Manuela se extrañó por la tardanza. No llevaba bien las continuas idas y venidas de Alicia. No entendía por qué tenía que salir de allí tantas veces al cabo del día. Alicia volvería, siempre volvía, pero una madre no podía evitar preocuparse pensando que le podía pasar algo o temiendo sin razón que algún día les dejara o que se la llevara por delante algún malvado. Sabía que si le volvían a arrebatar a su hija ella no iba a poder soportarlo.

Enrique, su marido, trató de calmarla. Le dijo como siempre que no se preocupara. Que su hija había salido acompañada por Amparo y que ya tardaría poco. Que Alicia era mayorcita y sabía desenvolverse. Que no sufriera ni se preocupara. Que esperara tranquila. Pronto algunos más se unieron al pobre Enrique en aquel consuelo imposible, pero nada podía librar a Manuela de su inquietud.

Y Alicia volvió. Siempre volvía. Su anhelado regreso despejó una vez mas todos los miedos infundados. Qué tonta -pensó Manuela- no sé por qué me preocupo tanto. Y como siempre hacía, en vez de reprocharle el retraso se arriesgó a dedicarle una sonrisa casi imperceptible. Respiraba tranquila. Ahora todo volvía a estar en su sitio.

Solo restaba esperar a que se fuera Amparo para poder hablar de nuevo con su hija. Casi no podía ya resistir inmóvil, a pesar de la costumbre, impaciente por saber de una vez dónde había estado y qué había hecho; después empezarían a charlar, a compartir intimidades, a revivir recuerdos y puede que hasta a hacer planes para la cena de nochebuena. Y eso le recordaba algo.

Pronto sería su cumpleaños y todavía no sabía que regalarle. Tenia que sonsacarla y averiguar que le gustaría: ¿un traje nuevo? ¿un perfume? Si, tenia que hacerle un buen regalo a su niña y quería acertar con sus gustos. Pero no podía preguntarle ahora; tenía que tranquilizarse y esperar solo un poco más hasta que se fuera Amparo. ¿Por qué tardaba tanto esa chica? Tenía que reconocer que Amparo era muy buena y se preocupaba muchísimo por su hija. Si, Alicia había tenido suerte con ella pero… ¡era tan lenta para todo!

-Mañana vendré por la mañana y daremos otro paseo si sigue el buen tiempo. Ahora tienes que descansar. Y ya sabes, si necesitas algo solo tienes que avisar.

Alicia no respondió. Alicia ya no respondía. Solo sonrió y asintió con la cabeza, pero Amparo supo que la había entendido.

-Hasta mañana entonces, Alicia, que pases una buena noche.

Cerró la puerta al irse y en ese momento salieron todos y se acercaron a Alicia entusiasmados. ¡Menudo jolgorio! Estaban tan emocionados que hablaban sin parar atropellándose unos a otros para apropiarse de su atención: Que si aquella noche iba a ser especial, que si vendría el tío Julián con su chaqueta abotonada y ese bigote tan pasado de moda, que si llevaría del brazo como siempre a tía Marcela con su falda plisada tan alta y tan peripuesta, que si hoy estaba muy guapa, que si le había dado el sol… hasta que Manuela levanto su voz e impuso un poco de orden para poder hablar tranquilamente con ella.

-Pero, ¿donde has estado hasta tan tarde, hija mía?

-En el jardín, mamá. Hacía buena tarde y nos hemos quedado un buen rato junto a la higuera.

-Vaya, ¡me tenias intranquila! Pero ahora ya no importa, ¿sabes quien va a venir esta noche…?

Y ante la expectación de los congregados le contó que aparte de los presentes hoy habían invitado a sus compañeras de colegio Trini, Marijose, Mariquilla y la bajita, la de las pecas, esa que nunca recordaban su nombre. Y que a lo mejor se animaban también los señores de al lado, que parecían gente educada pero nunca se atrevían a unirse a sus reuniones, pero a lo mejor era por que nadie los había presentado.

Pero ya habría tiempo para eso. Si Alicia no se hubiera retrasado tanto esa tarde ya estarían todos reunidos charlando y pasando un rato agradable. Ahora tenían mucho que preparar porque aquella iba a ser una noche muy especial.

Una noche tan entrañable, amena y especial como todas las otras noches.

-Amparo, ¿has pasado ya por la 105?

-No, iba ahora.

-Te acompaño y le llevo el desayuno.

-No, deja, ya lo llevo yo.

El estruendo que produjeron la taza y el plato al romperse contra el suelo no despertó a Alicia. Ya nada podía despertarla. Alicia volvió a salir de la habitación para nunca volver. Hizo poco ruido. Se la llevó sin flores una furgoneta negra a la que no siguió ningún coche. No hubo pañuelos de papel retorcidos a su paso, ni tuvo más despedida que un responso de trámite con la primera fila de bancas tan desierta como el resto de la capilla.

-¿Qué hacemos con sus efectos personales?

-¿Tenía familiares, Amparo? ¿Alguien que los recoja o a quien poder enviárselos?

-No. No tenia a nadie. Al menos en estos dos años no vino nadie a verla.

-Entonces la ropa y lo que pueda servir para algo mételo en bolsas y lo llevamos a Cáritas, el resto se puede tirar.

-Chica, da un poco de pena tirar todo esto. ¿Qué hacemos con las fotos?

-Ah, las fotos déjalas ahí, esas no eran de ella.

-¿No? ¿¡Cómo que no!? ¡Pero si Alicia decía que eran sus padres! Mira, estos son. Enrique y Manuela. Y este de aquí era su tío Julián, me hablaba mucho de él… bueno, cuando todavía hablaba, claro. Y esa de las coletas era ella, junto a sus compañeras de clase, ¡cuantas veces me habrá contado…!

-No, Amparo, esas fotos llevan en el geriátrico casi desde que se inauguró. Se las ponemos en la habitación a los casos perdidos para que al menos tengan algo que les pueda ser familiar. A veces nos los traen tan mal que por no tener, no tienen ya ni recuerdos.

 

 

 

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21 comentarios en “La vida de los recuerdos.

  1. Muchas gracias. Ahora que la leo de nuevo veo que no he sabido expresar la idea de fondo, no se entiende bien y cuando uno comprueba que necesita explicar un relato, es que el relato no se explica solo y por tanto no está bien. Pero como ejercicio ha servido bastante, el siguiente lo haré mejor.

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  2. Suelta lo intelectual que te amarra, la justificación, la explicación, deja que la historia fluya desde tu alma, sin ponerle trabas, natural, sencilla, decantándose a medida que transcurre. Duro tu relato, sin embargo muy real. Un abrazo grande

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    1. Me cuesta mucho, lo intento, trato de expresarme mejor, reviso y cuando me quiero dar cuenta he dejado de decir lo que quería decir. Lo importante eran las fotografías, estaban vivas, acogían a los ancianos y se convertían en sus familias. Sin embargo se quedó en una historia mas, muy triste y muy dura, pero no transmite ese sentimiento tan grande de DAR.

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    2. Muchas gracias Themis por atreverte a ver mis fallos y darme un empujoncito. Eso es lo más valioso, lo que más ayuda. Muchas gracias por tomarte esa confianza y tener valor para decir lo que piensas. Te lo agradezco de corazón.

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