Ser o no ser… fumador

¿El fumador es víctima o culpable del daño que se produce a sí mismo?

Es ambas cosas. Por mucho que fuera el entorno, la permisividad o el deseo de probar algo nuevo lo que le indujera a iniciarse en este vicio, la decisión, madura o no, fue exclusivamente suya. 

Y no sólo es culpable de sus males, sino también de los que provoca de forma pasiva a quienes le rodean, pero sobre todo de colaborar con su ejemplo a que este vicio se difunda y se vea como algo normal.

Y víctima es, o será algún día, más allá de toda duda. No me extiendo en este aspecto, sobradamente documentado por las imágenes gore que ilustran hoy día los paquetes de tabaco.

Dicho lo cual, confieso que soy fumador a mi pesar, y que aspiro a dejar de serlo algún día. Y no conozco a ningún fumador que no comparta esta misma aspiración en lo más profundo de su ser.

Poco podemos hacer los fumadores por nosotros mismos mas que reunir razones, medios y fuerza de voluntad para conseguir dejarlo, pero sí que podemos hacer algo fundamental por los demás: aconsejarles desde nuestra propia experiencia para que no sucumban al falso encanto de esta siniestra esclavitud.

Nuestra  incapacidad para dejarlo o el esfuerzo inmenso que tendríamos que hacer para librarnos de la adiccion son el mejor argumento para disuadir a cualquiera de dar esa primera calada asesina; hay mil formas mucho más sanas de demostrar la hombría o la madurez, de ser interesante o moderno, de integrarse socialmente, o si me apuráis de joderse la vida, que el puñetero tabaco.

Porque te atrapa y ya nunca te suelta. Tú no tienes un vicio: es el vicio quien te tiene a ti. Se apropia de tus costumbres, se introduce en tu rutina y se adueña de tu voluntad de tal manera que haces cualquier cosa por satisfacerle. Y sobre todo te vuelve capaz de inventarte las más elaboradas excusas para seguir sin dejarlo un día más.

En la cruzada contra el tabaco se insiste mucho en la salud, a lo que algunos inconscientes objetan su derecho a escoger de qué quieren morir. Pero el gran argumento es otro: más que de qué quiere uno morir, se trata de cómo quiere uno vivir: libre o esclavo de un vicio.

Frente a quienes abogan por su libertad de elegir ser fumadores yo, fumador a mi pesar, opongo la opresiva esclavitud que supone retorcer hasta los propios principios y arriesgar la existencia y la calidad de vida para justificar un vicio del que en realidad no tienen arrestos de librarse. Lo demás son excusas, y las excusas son como el culo: todos tenemos una.

Acepta mi consejo. Si no fumas y te encuentras algún día en un momento de debilidad u obligado por las circunstancias ante la decisión de probarlo, ten muy en cuenta que no hay vuelta atrás, que tú podrás dejarlo pero el tabaco nunca te dejará a ti y sobre todo que absolutamente todos los que fumamos o hemos fumado alguna vez nos hemos arrepentido demasiado tarde de encender aquel primer cigarrillo.

Tú estás a tiempo.

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2 thoughts on “Ser o no ser… fumador

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