La gran motivación.

El escritor no puede ser un ente aislado; poner por escrito sus ideas solo tiene sentido si le llegan a alguien, y esto solo aporta algo a la sociedad si mejora, aunque sea de forma insignificante, la vida de quien lo lee.

¿Por qué escribo? Esta pregunta tiene tantas respuestas como escritores puedan existir. Y todas ellas son válidas, o al menos lo son para cada uno de ellos. A mí personalmente hay algunas que me seducen especialmente: las que tienen que ver con el lector.

La escritura es un medio de comunicación. Por ello se puede analizar desde la estructura emisor – canal – receptor. Es natural que el emisor, el que escribe, emprenda este tipo de comunicación por aspiraciones o necesidades propias. Tener algo que decir y decirlo. Creo que todos podemos comulgar con esta idea, en ella encontramos una parte importante de las motivaciones que todos podemos tener para escribir, con sus variaciones posibles, y quizás son de las que más hablamos entre nosotros. Es el QUE de todo esto, y yo diría que sin esta motivación no tiene mucho sentido escribir.

El canal también tiene su importancia. Escribir es un reto, tiene sus formas, sus recursos y una serie de estándares que hay que conocer para saber utilizar. El canal, en este caso la literatura, puede ser un fín en si mismo. Aprender, desarrollarse, profundizar en el oficio. Este afán de perfeccionarse como escritor supone una enorme motivación que tiene mucho que ver con la superación personal. Imprescindible.

Pero el canal se complica cuando publicas en los medios. Ya se trate de un blog, de una mera frase con intención en twitter o de todo un libro en soporte digital, su producción exige del creador una serie de conocimientos y recursos que son ajenos al propio oficio de escribir, y que tienen más que ver con saber editar, publicar y promocionar. Estas técnicas en su versión más cómoda se reducen a escribir unas cuantas frasecillas en facebook, pero la cuestión se complica cuando quieres encontrar a gente que te lea y que te comprenda. Motiva, ¿por que no?, pero yo creo que uno no se decidió a escribir para convertirse en un community manager que además escribe cosas.

Por último tenemos al receptor, en nuestro caso el lector. Como he dicho, a mi me motiva especialmente, y ahora me vais a permitir que pierda el contacto con el suelo.

Porque el escritor tiene la capacidad para cambiar el mundo, aunque sea en detalles mínimos. Despertar una emoción, crear opiniones, provocar el eco de sus propias ideas o, en definitiva, generar conocimiento, tiene que ser una de las mayores aspiraciones de quien escribe. Porque los escritos, nuestros escritos, ademas de personales o bellos, pueden llegar a ser útiles. Pueden cumplir una función y ayudar a otros.

Yo creo que en este contexto se encuentran los fines mas elevados y las motivaciones más loables que pueda tener alguien para asumir este oficio, y que se resumen en tratar de servir a los demás. El escritor no puede ser un ente aislado; poner por escrito sus ideas solo tiene sentido si le llegan a alguien, y esto solo aporta algo a la sociedad si mejora, aunque sea de forma insignificante, la vida de quien lo lee.

Ya sea porque hace sentir, o porque hace conocer, pensar o comprender, un texto vale tanto como la respuesta que genera en quien lo lee. Y esa, en mi opinión, es la mayor motivación que nadie pueda tener para hacer cualquier cosa: Ser útil a los demás.

 

 

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