Escribir: Interiorismo y decoración.

A veces pienso que el escritor es una fuente de la que manan aguas profundas. Escribir, visto así, es explorar ese manantial, recurrir a los acuíferos del recuerdo y la experiencia y extraer de allí lo mejor de uno mismo.

He notado que en poseía y relato corto cuanto más vívida sea la experiencia, cuanto más auténtico e interior el motivo, más creíble es el resultado. Llega más al lector y despierta con mayor facilidad sus emociones. El interiorismo, como ejercicio sincero de exponer el mundo interior donde se habita, es una magnífica vía de expresión y establece sólidos puentes de empatía y comprensión.

Más cuando se trata de estructurar tramas más complejas entra en juego un componente de decoración. Ahora se trata de tomar elementos externos, fruto de la observación o de la inventiva, disponerlos en buena armonía y diseñar un entorno en el que cualquiera pueda sentirse cómodo. Y sobre todo, saber componer y desarrollar una historia en ese nuevo mundo.

Esto exige varios requisitos. Quien lee ha de ser capaz de reconocer los distintos elementos, es decir, tienen estar bien descritos por extraños que sean, y también ha de existir un cierto equilibrio en la composición, de forma que se huya de estridencias y que el conjunto esté integrado, que todo tenga sentido y razón. Que no haya nada accesorio sino que todo aporte algo, aún el más pequeño de los matices, a la narración.

Pienso que la decoración es más complicada y exigente. Si el interiorismo parte de un mundo que ya existe, en la memoria o en la realidad interior, y describirlo consiste en saber seleccionar situaciones o imágenes y traducirlas a palabras, la decoración incorpora un componente de creación, pues hay que montar un armazón, una estructura, que después se traducirá a palabras o no, pero que es imprescindible para que el resultado sea sólido y se sostenga.

El interiorismo tiene la ventaja de que se habla de algo que se conoce, y sobre todo de algo que se siente, y por tanto la emoción fluye. El mensaje es más directo y auténtico. Pero el interiorismo es también muy exigente en la forma, porque el creador se obliga, por respeto a si mismo y por tratar con mimo su propia experiencia, y exprime su talento para estar a la altura.

La decoración es más árida en este sentido. Se puede crear un escenario con el que uno no se identifica, personajes con los que no se comulga, experiencias que nunca se harían propias, y por eso cuesta bastante más trabajo insuflarles sentimiento y emotividad. Aquí la dificultad está en conseguir la identidad, en asumir distintos roles (no solo los de los personajes) y saber interpretar y sentir ese mundo desde distintas perspectivas.

¿Interiorismo o decoración? No. Interiorismo Y decoración. Hay que explorar y trabajar ambos campos, tomar lo mejor de cada uno, y también ejercitarse, y fusionar los componentes de uno en otro. Por ejemplo, más emotividad en la decoración, mejor ambientación en el interiorismo.

O al menos esos son mis propósitos.

En mi propio descargo: Os dejo estas opiniones, totalmente discutibles, por ser parte fundamental de mi proceso de (auto) aprendizaje. No lo hago para asentar principios, Dios me proteja de mi propia y atrevida ignorancia, sino para exponer inquietudes que alguien más podría compartir y sobre las que me encantaría discutir.

 

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