Ejercicio: la última noche de Galois.

Escribir es un camino, una aventura que me planteo recorrer a paso corto, probándome en cada nueva etapa y haciendo ejercicios continuamente. Me planteo retos e intento trabajar sobre la forma y la estructura de un determinado texto. Revisar y corregir, analizar… aprender, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

Pero el contenido importa. Vale mucho más escribir sobre algo, fijarse temas, buscar una inspiración y construir sobre una idea. Porque esto no puede ser como aquellos ejercicios de caligrafía donde copiábamos una y otra vez frases con poco sentido. Creo que es una parte muy importante del reto realizar un planteamiento sólido, inspirarse en una idea con posibilidades y encontrar un terreno abonado donde trabajar.

Se trata de desarrollar la inventiva y trabajar mucho la observación; si leer ayuda con el estilo, si estudiar aporta los recursos y las formas, la capacidad para crear está en el entorno, alrededor de uno, en aquello que te llega y te deja una impresión o una emoción, y sobre todo dentro de uno: en el reino de la imaginación.

Tres párrafos para justificarme… demasiado, ¿verdad? Tengo que mejorar eso. Pero vamos al grano.

Hay un escenario concreto que tengo archivado para utilizarlo en un ejercicio y, bueno, he pensado en compartirlo: tal vez le sirva a alguien más para hacer músculo trabajando sobre esta idea. Se trata de la última noche en la vida de Evariste Galois.

Galois era un matemático francés del siglo XIX (Si, he dicho matemático pero seguid leyendo por favor).  Tenéis su biografía en la Wikipedia, así que me centro en su última noche.

Mayo de 1832. Galois tiene que afrontar un duelo al amanecer. Un duelo contra un oficial del ejército francés, y Galois sabe a ciencia cierta que va a perder. La causa no está clara, se especula con razones políticas o tal vez el buen nombre de alguna dama, pero los duelos en realidad solo tienen una causa posible: el honor.

Galois, consciente de que le quedan unas pocas horas de vida, dedica algo de ese tiempo a escribir despedidas para sus allegados pero el resto del tiempo, horas intensas y angustiosas, lo invierte en dejar por escrito su legado matemático, sus ideas y descubrimientos, dejando para la posteridad páginas importantes y conmovedoras. ¿Un polinomio puede ser sobrecogedor? Pues, depende de las circunstancias…

¿Que me atrae de esta historia? Me subyuga pensar en esas últimas horas, en la impotencia, la inevitabilidad de un destino inexorable, la frustración de una brillante carrera abortada inútilmente a los 21 años, la prisa por expresar tantas ideas brillantes, algunas aún en la incubadora, y también derivar a razonamientos más profundos sobre el honor, el talento, el mérito, el verdadero valor de las cosas e incluso la propia existencia: ¿hay vidas mas valiosas que otras?

Resumiendo: Es un escenario al que yo le veo una gran cantidad de posibilidades y enfoques, y sobre el que pienso trabajar; por eso os lo presento como idea y os invito a hacer algo al respecto, un pequeño ejercicio…

… que por supuesto yo no podría evaluar o corregir. Eso me vendría enorme. Al contrario, quiero aprender de lo que podáis hacer, como un compañero que trabaja en equipo y compara sus ejercicios con los demás.

Me sigues, te sigo, y así nos acompañamos. Ese es el espíritu. ¡Muchas gracias!

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2 thoughts on “Ejercicio: la última noche de Galois.

  1. Muy compleja, desde luego. Está en la raiz del derecho y en la base de la mayoría de los conflictos de la humanidad.
    Cualquier respuesta afirmativa conduce, por lógica, a sostener supremacías y discriminaciones, y ese es siempre un camino nefasto.
    Por otra parte, hay vidas que suman mucho a las existencias de sus semejantes, al progreso, al bienestar, a la ciencia, al arte o a través de la entrega y la solidaridad, hay vidas heroicas y las hay ejemplares, mientras que hay otras vidas que restan. Pero eso se refiere a los resultados de esas vidas, a las consecuencias de sus actos, y en ese ámbito sin duda se pueden establecer diferencias y juicios de valor.
    Yo personalmente pienso que no hay ninguna vida más ni menos valiosa que otra. Y pienso que hay historias personales infinitamente más valiosas que otras.
    Ahora, volvamos a Galois, ¿quien hubiera debido morir, el matemático brillante o el insignificante oficial? Yo no lo sé; eso lo decidieron las espadas, y solo podemos especular sobre si acertaron o se equivocaron.

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